domingo, 6 de enero de 2019

Epifanía: me quedo con la estrella




Fiesta de la Epifanía: manifestación, luz, visión.
En el niño de Belén se concentra la luz y se desparrama, para que cada carne humana descubra su propia luz.
Luz que la estrella acuña y mece.
Desconocida estrella,
amiga del alma.
No importa cuanto real fuiste,
si solo el Amor existe:
¡la Epifanía es también tu fiesta!
Belén, los reyes, el niño y los regalos.
El Amor se ve. Tú lo dices, tu lo muestras.

No importa cuanto real fuiste amiga estrella y compañera,
no importa, si el Amor se ve.
Me quedo contigo, desconocida y anónima estrella,
que revelaste el lugar donde el Amor se ve.
Me quedo contigo amiga estrella,
que fecundas la historia y la haces brillar.
Pequeña o grande luz que regalas
a los humildes que silenciosos te siguen.

Estrella es cada cosa que nos muestra vivo al Amor.
Estrella es cada paso que me hace más auténtico y enamorado.
Estrellas somos, los unos por los otros,
cuando dejamos libre a nuestro corazón amante.
Estrella es tu paz que abre los ojos
que anhelan amar.

Me quedo contigo, amada estrella,
y con todas las estrellas que alegran mis días y mis horas.
Cada estrella, única. Cada luz, única.
Y el Amor se ve. No puede no verse.

Me quedo con la estrella por hoy,
mientras la Madre reparte al niño,
inocente y fecunda,
un beso de luz.



viernes, 4 de enero de 2019

Admiración



“Solo la admiración capta alguna cosa” (Gregorio de Nisa)

El 3 de diciembre de 2015 escribí algo en nuestro blog sobre esta frase tan linda de San Gregorio de Nisa (335-394).

Hoy me reencontré con esa frasecita y me enamoró otra vez. Estoy escribiendo un pequeño librito sobre la importancia de la calma y en mis apuntes varios apareció, fresca y como nueva, la acotación de San Gregorio.

Puede ser una buena invitación al comenzar el año.
Aprender a admirar y admirarse. No es tan automático como parece.
Hay que ejercitar la admiración. Admirar no es solo para las grandes cosas y ocasiones, sino que es ejercicio cotidiano y constante.

A menudo nos tomamos la vida con tanta superficialidad y apuro que perdemos la capacidad de admiración.
La Vida es Misterio y para captar algo de este Misterio tenemos que desarrollar la capacidad de admiración.
Nuestra relación con el Misterio es sumamente y demasiado racional.
Especialmente lo podemos ver al relacionarnos con los seres humanos, expresión excelsa y única del Misterio.
Nuestra relaciones están infectadas de juicios, opiniones, ideologías, heridas emocionales no reconocidas. Muchas veces también nuestra relaciones son utilitaristas: buscamos sacar provecho del otro, consciente o inconscientemente. 

Perdemos así lo mejor. No nos percatamos de lo mejor del otro.
En el fondo no sabemos nada del otro, nada profundo: ¿Cómo podemos juzgarlo? ¿Cómo etiquetarlo? ¿Cómo excluirlo?

Aprender a admirar nos revelará joyas escondidas: en las personas y en las cosas.

¿Cómo desarrollar la admiración?

Sugiero dos simples pasos:
·     Suspender el juicio y la racionalidad.

La persona y las cosas son mucho más de lo que “pensamos” sobre ellas. El pensamiento es siempre limitado, parcial y condicionado por nuestra emociones. La racionalidad también es una dimensión del conocimiento. Una dimensión parcial y que deja afuera lo más profundo. A lo profundo se llega por la escucha y en silencio, no por la razón.

·     Detenerse y observar.

Lo real y lo profundo se revelan a quien sabe detenerse y observar. Detenerse y observar activan la capacidad humana innata de intuición. Se va abriendo otra manera de ver. Vemos lo que la razón no puede ver. Vemos “desde adentro” y “adentro”. Entonces algo se capta. Surge la admiración: captamos instantes de verdad, de belleza, de bondad. En todos, en todo y cada acontecimiento.

Descubrimos que todos somos dignos de admiración. Y que solo la admiración capta lo verdadero y auténtico.
En el fondo hasta que no admiremos una persona, una cosa o una situación no la conoceremos: simplemente nos relacionaremos a partir de nuestros pensamientos, opiniones, juicios.

Captar chispas de Misterio es cuestión de admiración.
Qué este 2019 sea todo admirativo: ¡buen camino!



lunes, 31 de diciembre de 2018

2019: ¿Año nuevo, vida nueva?



Termina el 2018, empieza el 2019. Los refranes y los augurios de todo tipo sobran.
Muchos saludarán agradecidos el 2018, otros lo despedirán con profundo alivio.
Todos – o casi todos – desearán que el 2019 sea mejor que el 2018.
En realidad no hay años “buenos” y años “malos”.
Hay pura vida y puro aprendizaje.
Hasta que nos dejaremos envolver por estériles y obsesivas evaluaciones no podremos apreciar la belleza desbordante de la vida. La vida escapa continuamente a nuestras evaluaciones y análisis. La vida siempre nos sorprende y nos trasciende con sus empujones, sorpresas, creatividad.
La vida huye de nuestro deseo de control y nuestras manipulaciones.
El Misterio de la Vida es el Misterio de un Dios siempre nuevo y sorprendente. Siempre “más”, tremendamente Infinito y por eso inaprensible.

Nuestras evaluaciones y nuestros proyectos – a veces importantes y hasta necesarios – tendrían que dejar siempre una puerta abierta.
La puerta abierta a la novedad, a la sorpresa, al revés de la historia. La puerta abierta que es signo del Espíritu que nos define y que evoluciona con nosotros y con el Universo.
La puerta abierta que es signo y expresión del auténtico amor.  

Podremos entonces echar un vistazo a este 2018 y recoger los momentos donde hemos percibido con más clarividencia la Presencia del Amor en nuestro vivir. Podemos también evaluar y corregir el tiro.
Con la puerta abierta quedará siempre un sencillo y profundo agradecimiento. Un humilde “gracias” por todo y todos. Agradecer se convertirá en el estribillo de nuestro cantar.

Podremos también vislumbrar el año nuevo que comienza y hasta proponernos objetivos y metas.
Con la puerta abierta será un invitación al Espíritu a tomar las riendas de nuestra vida. Será la aceptación humilde y serena de todo lo que vendrá.
En realidad no hay año viejo y año nuevo.
No hay vida vieja y vida nueva.
Hay pura Vida viviéndose a través de nosotros y de todo lo que existe.
Basta escuchar.
Es necesario silenciar mente y corazón para percatarse del soplo del Espíritu que nos habla y se comunica a través de cada aliento y acontecimiento.

Es necesario un profundo silencio y una escucha radical para oír el latir de las rocas, la savia de los árboles, el respirar de los pájaros.
Las rocas también viven, ¿no lo sabías?

Es necesario enlentecer nuestro caminar para contemplar la gratuidad de la Vida derramándose.
Es necesario detener el tiempo con nuestro silencio y nuestra escucha.

Es sumamente necesario apagar la superficialidad y la trivialidad que nos impiden reconocer nuestra interioridad habitada.
En el 2019, ¿no sería bueno apagar la tele (mejor venderla) y reducir el uso de las redes sociales?

Es sumamente necesario y bello engendrar humilde y sencillamente espacios de calidad humana para nuestras relaciones.
Somos relación y las relaciones nos definen, nos construyen, nos armonizan.
En este año que comienza: ¿no sería fundamental programar espacios semanales de gratuidad de nuestra relaciones?
Cenas, charlas, caminatas, mates. Agendarlos es fundamental: solo la disciplina amorosa educa en serio y nos transforma.

Necesitamos silencio y escucha para que nuestra relaciones superen el peligro de la necesidad, la opinión, lo superficial.
Necesitamos silencio y escucha para conocernos y hacernos cargos de nuestras emociones y conflictos no resueltos.
Necesitamos silencio y escucha para dejar de culpabilizar a los demás o a la vida por nuestros malestares, incomodidad, nerviosismos.
Desde el silencio y la escucha – a través de pasajes oscuros y mucha paciencia – encontraremos la paz verdadera y profunda.

Feliz año así: ¡Qué descubras que la paz y el amor son tu esencia!
Y gracias. Gracias por tu presencia y tu amor.



viernes, 21 de diciembre de 2018

Se rompió la campana: ¡Feliz Navidad!



Amo las campanas: de cualquier tipo, color, tamaño. Amo el sonido, la forma. Amo las campanas porque me ayudan a mantenerme despierto y atento.
Hace un par de años coloqué afuera de mi cuarto una campana de cerámica que me regalaron. Lucía hermosa, a la derecha de la puerta y justo arriba de Toto, el búho. Lucía la campana como un hermoso adorno y su vocación no era la de timbre.
Una campana afuera de mi cuarto con su pequeño badajo no podía no atraer la atención de los niños… y así fue como se convirtió en timbre. Su vocación se fue ampliando y hasta unos adultos me llamaban a través del delicado sonido de la cerámica.
Hace ya un tiempo había notado unas pequeñas grietas en la campana de adorno convertida en timbre y lo que me imaginaba ocurrió una de estas tardes.
Tres niñas llegaron corriendo a mi habitación y el entusiasmo se lo transmitieron a la campana, la cual sucumbió a tanta pasión.
Dos pedazos se desprendieron de la desafortunada campana. Se había terminado su valiente vocación de timbre y, tal vez, su primera vocación de adorno…
El trágico acontecimiento (para la campana) me inspiró para prepararme a la Navidad ya cercana. Les comparto mi sentir.

¿Qué sentido tiene la venida de Jesús?
¿Qué sentido el Misterio cristiano de la encarnación?

Jesús vino a mostrarnos que somos bellísimas campanas: cada una única, perfecta, original. Cada sonido único, hermoso, distinto.
Nos reveló también que somos campanas frágiles, campanas que se pueden romper y que de hecho se rompen. Rotura más o rotura menos, grieta más o grieta menos.

La fragilidad humana – rotundamente expresada en el niño de Belén – no disminuye el valor de la campana y su sonido. Al contrario: lo enaltece, lo hace más autentico.
La genialidad y espiritualidad japonesa inventó un arte para expresar todo esto: Kintsugi.
Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.

La Biblia tiene sobrados ejemplos de todo eso. La profundidad y genialidad de San Pablo es tal vez insuperable.

Llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios” (2 Cor 4, 7).

Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 12, 7-10).

La debilidad del niño de Belén nos recuerda que la Vida es frágil y que Dios mismo se hizo frágil. Dios actúa a través y a partir de la fragilidad. Más aún: Dios es fragilidad y esta fragilidad es su fuerza inexpugnable.
¿Por qué nos empecinamos a rechazar y ocultar nuestras fragilidades?

La fragilidad asumida y reparada desde el Amor nos convierte en personas autenticamente fuertes, estables, seguras.
Solo la fragilidad amada es verdadera fuerza.
El sonido de una campana reparada será aún más bello: puro, auténtico, libre. Un sonido verdaderamente inocente. La inocencia nunca es virgen, siempre se recupera.

Repararé mi campana: no con polvo de oro, con un simple pegamento.
Y la dejaré ahí a la vista: ya no como adorno, ni como timbre.
Mi campana encontró una vocación más grande aún: me recordará mi fragilidad y el Amor de un Dios que se hizo frágil en el niño de Belén.

¡Feliz Navidad! ¡Gracias por tu presencia y tu amor!




Etiquetas