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martes, 4 de abril de 2017

Asombrado de la bondad




Estos días pasados fueron muy intensos: muchas visitas, muchos encuentros. Muchas charlas y mucho compartir. Me descubrí varias veces asombrado: asombrado de la bondad natural del ser humano. Tantos gestos pequeños y grandes de generosidad, lindas sonrisas, tiernos abrazos. Mensajes, palabras, gestos concretos.

Pude captar y percibir la bondad innata del ser humano. Bondad esencial que siempre asume rostros concretos, según la historia y el caminar de cada cual. Rostros y nombres, manos y corazones. Estoy asombrado por la bondad que se expresa a través de estos rostros, estos nombres, estas manos y estos corazones. Agradezco a la Vida, a Dios, al Amor: cada cual puedo nombrar como quiera. Y agradezco estos rostros concretos y fraternos. Rostros que se dejaron transparentar por esa bondad innata. Rostros de hermanos, rostros de amigos, rostros amantes y amados.

El budismo sabe todo esto y en el camino espiritual apunta justamente a descubrir esta bondad innata que llama “autentica naturaleza”.
Los cristianos descubrimos esta bondad innata en el Cristo interior: la luz que Jesús de Nazaret nos reveló y nos dejó. Podemos llamarla también Espíritu Santo y la vemos reflejada en el misterio de María Inmaculada.
El misterio de María Inmaculada expresa que todos somos inmaculados. Todo en el fondo es inmaculado. Hay un lugar en el centro de cada ser y de cada cosa que es inmaculado: es nuestra esencia, nuestra raíz, nuestra “autentica naturaleza”, nuestro hogar. Es el lugar más íntimo, más sagrado. Lugar donde el mal y el egoísmo humano no tienen acceso. Siempre está a salvo.

Es importante volver a subrayarlo cuando somos testigos de tanta violencia, egoísmo, ceguera. Especialmente la ceguera absurda de tantos políticos, gobernantes y empresarios que desconociendo esta bondad innata buscan la felicidad en el poder, la fama, el dinero. Sin resultado obviamente. Opresores hipócritas tan ciegos que ni saben que lo son. Tan ciegos que no logran ver que la bendita muerte lo vendrá a buscar también a ellos. Ciegos que generan sufrimiento. Terrible sufrimiento inocente.

La paz no empieza por la ceguera, empieza por la visión.
La paz verdadera y autentica empieza ahora. Empieza aquí. Empieza por vos. Empieza por ese lugar sagrado e inmaculado. Lugar donde el Amor te respira, te engendra, te sostiene.
Lugar que te define más allá de toda definición.
Descubrirlo y vivir la vida desde este lugar es tarea de todos. Tarea imprescindible y urgente. Es el auténtico camino espiritual, el único camino que coincide con la meta.




viernes, 23 de octubre de 2015

Asombro

“El punto más alto al que puede llegar el hombre 

es el asombro”



Goethe






Los poetas intuyen y ven aquello que normalmente los demás no logran ver. Y saben expresarlo. Lo que ven los poetas lo podemos ver todos: basta ejercitar la atención y el quieto amor. Todos somos poetas en potencia. Tal vez no todos podemos expresarlo: ahí está la vocación del poeta.

El punto más alto al que puede llegar el hombre es el asombro” nos dice Goethe: fantastica intuición. 

Asombrarse es tipico del ser humano: solo los seres humanos somos capaces de asombro, porque solo el ser humano puede ver más allá de la apariencia.
En buena parte hemos perdido esta capacidad de asombro y perdiendo el asombro hemos arrinconado nuestra vocación poetica y la exquisitez de nuestra humanidad.

El poeta nos recuerda que el asombro es nuestro punto máximo de desarrollo, el punto donde nuestra humanidad es plena. Podemos tal vez equiparar santidad y asombro: el santo es aquel que sabe asombrarse constantemente.

Asombrarse es ver que todo es un milagro. Ya Albert Einstein lo decía: "hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro".

Asombrarse es descubrir la raíz de las cosas, es saber ver más allá del velo que nos las esconde. Para esto necesitamos detenernos, necesitamos silencio y quietud.

Volver al asombro es volver a creer en la humanidad y en lo mejor de cada persona.
Volver al asombro es quererse y vivir tiempos de calidad.
Volver al asombro es tocar el aliento que a todo da vida.

Aunque a veces el asombro estalla frente a grandes cosas, el asombro más genuino y puro es el cotidiano, sencillo, normal.
¿Puedo asombrarme frente a la sonrisa de mis seres amados?
¿Puedo asombrarme otra vez frente a la luz que me inunda al comenzar el día?
¿Puedo asombrarme del exquisito sabor de la comida?
¿Puedo asombrarme del canto matinal de los pájaros?
¿Puedo asombrarme del abrir del pimpollo?
¿Puedo asombrarme de una nota musical y de un verso de Baudelaire?
¿Puedo asombrarme de los pequeños gestos de amor, sencillos y cotidianos?

Al final, vivir el asombro, es descubrir enamorados el aliento creador de Dios en todo...

¡Buen asombro!




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