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viernes, 17 de marzo de 2017

¿Felicidad de 4 segundos?





Tal vez la única pregunta sensata es la siguiente: ¿Se puede ser feliz cuando cada 4 segundos en el mundo muere un niño por desnutrición o enfermedad curable?
El sitio internet www.globalissues.org (en inglés) se ocupa de los problemas mundiales que afectan a todos. Y nos recuerda cada día esta silenciosa matanza: mueren cada día alrededor de 21.000 niños.

Reitero la pregunta: ¿Se puede ser feliz cuando cada 4 segundos en el mundo muere un niño por desnutrición o enfermedad curable?

Es la única pregunta sensata porque nos enfrenta a la persistente paradoja de la vida: el infinito anhelo de felicidad del corazón humano y la experiencia a menudo terrible del mal y del dolor.
¿Tengo derecho a la felicidad cuando tantos seres humanos como yo sufren las terribles consecuencias del egoísmo y la codicia de otros tantos seres humanos también como yo?
Obviamente estamos hablando del dolor fruto del egoísmo humano y no del dolor “normal” típico de nuestra condición humana.

En mi experiencia en realidad es una pregunta que no tiene respuesta definitiva. Es una pregunta que tendría que quedar siempre ahí, pegada en la heladera, con caracteres grandes.
No para angustiarnos, sino para cuestionar nuestras comodidades, nuestras quejas, nuestras distorsionadas ideas de felicidad.
¿Puedo ser feliz cuando un niño muere cada 4 segundos por la codicia humana?
Puedo y debo si. A dos condiciones: soportar la angustia de la pregunta y saber morir con cada niño que muere.
Puedo y debo ser feliz: estamos hechos para eso. El corazón humano está hecho para la plenitud de vida. Ser feliz, vivir desde la paz que somos, es también la mejor manera para ofrecer luz al mundo y poder transformar las situaciones de dolor.
“Debo” ser feliz justamente para que todos lo sean. Enfrentar mis miedos y mi dolor es la manera más efectiva para ayudar a los demás.

Podemos leer así también la opción de Jesús por los pobres que fue tomada con radicalidad por la teología de la liberación latinoamericana: optar por los pobres y estar cerca de los pobres no significa amar la pobreza y engendrar más pobres, sino justamente lo opuesto: optamos por los pobres para que haya menos y para crecer en justicia, solidaridad y dignidad.

El primero de los cuatro votos del budismo afirma: “Por numerosos que sean los seres sensibles hago el voto de salvarlos a todos.” Es la universalidad característica suprema del Amor, característica que marca también el camino cristiano. El Amor no conoce parcialidad. Mi liberación del sufrimiento es la liberación de todos los seres.
En el camino de crecimiento debería llegar un punto donde mi individualidad se funde con la universalidad: percibo la unidad que sostiene y engendra lo distinto. Me percibo UNO con todo y desde el Amor que soy y somos puedo morir con cada niño, sin dejar de percibir ese mismo y único Amor.
Ahí percibo que liberarme de sufrimiento inútil es liberar a todos los seres de ese mismo sufrimiento y que descubrir mi autentica naturaleza – el amor dicho cristianamente – es un paso decisivo para que todos los seres vivientes lo descubran.
Así que, cuando mi experiencia de felicidad y de paz no excluye, sino incluye al Universo, es legitima, necesaria y colabora misteriosamente para que todos los seres vivos puedan disfrutar desde ya la plenitud anhelada.

Podemos comprender todo eso desde otra perspectiva: todo sufrimiento inútil está provocado por el egoísmo humano y ese mismo egoísmo es fruto de la ignorancia de nuestro ser: amor pleno y eterno. Desde ahí resulta evidente que descubrir y vivirse a partir de lo que somos es lo único necesario para salir del egoísmo, lo mejor que pueda hacer para la felicidad de todos.

Es el motor de transformación más poderoso.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

La exploración que nos relaja

El sábado pasado – 5 de noviembre – tuvimos un día de retiro con algunos niños que están empezando un camino de meditación cristiana. Nos encontramos en el Monasterio de las Clarisas Capuchinas en Canelones: un lugar muy lindo e ideal para una jornada de ese tipo.

31 niños y 11 adultos de Soriano, Canelones y Montevideo compartiendo un hermoso día.

En la mañana, después de los clásicos juegos y dinámicas de integración, se propuso a los niños la dinámica de la lupa.
Cada niño con su lupa tenía la consigna de ir investigando los hermosos alrededores a la luz de tres palabras: disfrutar, atención, detalle.
Terminada la dinámica nos reunimos para compartir lo vivido.

Pregunté a los niños: ¿Qué tiene en común la dinámica de la lupa con nuestra práctica meditativa?
Pregunta no fácil en realidad.

Muchos niños compartieron cosas muy lindas y profundas: cuando se dan las condiciones los niños expresan con facilidad la dimensión contemplativa que todos tenemos.

Me fulminó la respuesta de Juan Diego, un niño de Rodó de 9 años.
La exploración que nos relaja”: ¡fantástico!
Una definición de meditación que nunca había oído.

Exploración y relajación son dos elementos claves en la práctica meditativa. En nuestra vida diaria también. Lo que ocurre es que a menudo nuestra exploración surge de la ansiedad y de la búsqueda compulsiva de reconocimiento, afecto, paz.

Hay otra manera de explorar. Manera que nos enseña y en la cual nos introduce la práctica meditativa. Los niños lo saben y lo descubrieron. Es la exploración que surge de la gratuidad. En la dinámica de la lupa los niños no tuvieron que inventar nada: exploraron lo que ya estaba. Exploraron el don: y esto relaja.

En la meditación aprendemos lo mismo: nos damos cuenta que todo ya está dado. No inventamos al Amor, es el Amor que nos inventa a cada instante. Entonces exploramos, ¡si! Y exploramos también nuestras heridas y nuestros sufrimientos. Pero los exploramos desde la plenitud que somos, no desde la ilusión de que falta algo.

Entonces la exploración nos relaja. Aflojamos las tensiones típicas del ego y disfrutamos de don. El don que somos.
Meditar es explorar nuestro paisaje interior con atención, cuidando cada detalle. La interioridad es un pozo sin fin. Nuestra interioridad comunica con el Infinito.

Por eso que en el zen se dice que “comprenderse a si mismo es comprender el universo” y los griegos – a partir de la famosa inscripción en el templo de Apolo en Delfos, decían: “Conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses.
Parece que Alejandro Magno comentando la inscripción afirmó: “Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”.
Rumi confirma: “Tú eres el secreto de Dios. Tú eres el espejo de la belleza divina. Todo lo del universo está dentro de ti.
Hafiz, que da el nombre al blog, dice también maravillosamente: “Todo lo que conozco es amor y encuentro mi corazón infinito y en todas partes.”

Esta exploración desde y hacia la gratuidad nos relaja. Nos relaja en el sentido que nos conduce a la tensión correcta. Y todo se vuelve armónico.

Como una cuerda de violín perfectamente afinada: hay música, hay armonía.

Exploremos entonces. Exploremos para difundir música divina: descanso para el alma y para el cuerpo.





sábado, 8 de octubre de 2016

Pizza, niños, fútbol… ¡y confesión!



Hace poco se me regaló vivir una hermosa experiencia. La Vida siempre nos sorprende, abre puertas, derrumba muros. Muros inexistentes, construidos por nuestras mentes, pero muros al fin.

Un compartir simple, clima de familia. El cansancio normal al terminar la jornada. Esos “compartires” que dan sabor y color a la vida, que huelen a verdad, que chorrean divinidad.

Esos compartires que alegran la vida de un cura, que lo traen a la realidad de la familia y de la sociedad. Esos compartires que se me regalan a menudo y de los cuales estoy profundamente agradecido.
Era uno de esos compartires.

Una pizza, niños en la vuelta con su vitalidad, la tele prendida y la pelota rodando.
Pizza, niños y fútbol, pensándolo bien, son un buen resumen de la cultura uruguaya y de la cultura occidental en general. Interesante.
Entre estos elementos se conversa, se grita un gol, se atienden a los niños, se saborea la pizza.
Y la conversación se desliza casi imperceptiblemente hacia una confesión: ¡celebramos la reconciliación!

La reconciliación en el corazón de la vida cotidiana: ¡esta es la verdadera reconciliación! ¡Qué maravilla! Descubrimos el amor y el perdón ahí donde la vida se juega, cada día, todos los días.
¡Como la pelota en la cancha, como la alegría de los niños!

Entre pizza, niños y fútbol el Dios de la Vida anda rodando: ahí nos encontramos a nosotros mismos, ahí nos encontramos con los demás, ahí nos descubrimos expresión de la vida divina.

Basta estar atentos. Basta estar abiertos. Dejando de lado muros inexistentes. Para vivir. Sentir la Vida.
Y la Vida reconcilia: siempre.



viernes, 6 de mayo de 2016

Nido



El domingo pasado, 1 de mayo, festejamos la fiesta patronal de nuestra parroquia de José Enrique Rodó. Un momento simple y cálido: Misa, convivencia y película sobre la vida de San José.

Después de comer los niños salieron para jugar. No aguantan mucho sentados: los niños son pura vida expresándose. Pura gana de vivir, pura creatividad, energía plena. En ese sentido todos tendríamos que ser como niños, según la invitación de Jesús.

Yo también salí a jugar un rato. Con 5-6 niños organizamos un partido de fútbol, mientras las niñas andaban en otras y femeninas vueltas: charlas secretas y curiosos recorridos.

Una niña se quedó mirando el partido y recogiendo la pelota cuando salía de la cancha. Siempre hay un alma buena que recoge pelotas perdidas. 

En un momento dado se me acerca la niña mostrandome un nido que había encontrado en el pasto.
"¿Lo queres?" me dijo. "Te lo regalo."
¿Cómo despreciar semejante regalo?

Lo acepté feliz y todavía me acompaña en mi cuarto: no todos los días te regalan un nido.
En realidad es un nido chiquito, desgastado, pobre (pueden verlo en la foto). Los pobres pájaros lo fueron armando utilizando también pedacitos de plastico e hilos: los tiempos son dificiles también para ellos. 
Justo ahí tal vez, en su pobreza, está su belleza y su atracción. 

Todos necesitamos de un nido. Todos necesitamos sentirnos en casa, amados y protegidos. Todos ahnelamos el calor humano que un nido simboliza y proporciona. Un nido: no importa que sea pobre. Importa que sea un nido.

Dios es nuestro nido, un nido rico y pobre a la vez. Un nido que nos cobija, que nos ofrece refugio y calor. Un nido donde compartir la vida. Amo los nidos, amo mi nido y quisiera que todos tuvieram uno. Dios es nuestro gran nido. La niña me lo recordó.
Ya tengo mi nido. ¿Y vos?



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