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viernes, 4 de enero de 2019

Admiración



“Solo la admiración capta alguna cosa” (Gregorio de Nisa)

El 3 de diciembre de 2015 escribí algo en nuestro blog sobre esta frase tan linda de San Gregorio de Nisa (335-394).

Hoy me reencontré con esa frasecita y me enamoró otra vez. Estoy escribiendo un pequeño librito sobre la importancia de la calma y en mis apuntes varios apareció, fresca y como nueva, la acotación de San Gregorio.

Puede ser una buena invitación al comenzar el año.
Aprender a admirar y admirarse. No es tan automático como parece.
Hay que ejercitar la admiración. Admirar no es solo para las grandes cosas y ocasiones, sino que es ejercicio cotidiano y constante.

A menudo nos tomamos la vida con tanta superficialidad y apuro que perdemos la capacidad de admiración.
La Vida es Misterio y para captar algo de este Misterio tenemos que desarrollar la capacidad de admiración.
Nuestra relación con el Misterio es sumamente y demasiado racional.
Especialmente lo podemos ver al relacionarnos con los seres humanos, expresión excelsa y única del Misterio.
Nuestra relaciones están infectadas de juicios, opiniones, ideologías, heridas emocionales no reconocidas. Muchas veces también nuestra relaciones son utilitaristas: buscamos sacar provecho del otro, consciente o inconscientemente. 

Perdemos así lo mejor. No nos percatamos de lo mejor del otro.
En el fondo no sabemos nada del otro, nada profundo: ¿Cómo podemos juzgarlo? ¿Cómo etiquetarlo? ¿Cómo excluirlo?

Aprender a admirar nos revelará joyas escondidas: en las personas y en las cosas.

¿Cómo desarrollar la admiración?

Sugiero dos simples pasos:
·     Suspender el juicio y la racionalidad.

La persona y las cosas son mucho más de lo que “pensamos” sobre ellas. El pensamiento es siempre limitado, parcial y condicionado por nuestra emociones. La racionalidad también es una dimensión del conocimiento. Una dimensión parcial y que deja afuera lo más profundo. A lo profundo se llega por la escucha y en silencio, no por la razón.

·     Detenerse y observar.

Lo real y lo profundo se revelan a quien sabe detenerse y observar. Detenerse y observar activan la capacidad humana innata de intuición. Se va abriendo otra manera de ver. Vemos lo que la razón no puede ver. Vemos “desde adentro” y “adentro”. Entonces algo se capta. Surge la admiración: captamos instantes de verdad, de belleza, de bondad. En todos, en todo y cada acontecimiento.

Descubrimos que todos somos dignos de admiración. Y que solo la admiración capta lo verdadero y auténtico.
En el fondo hasta que no admiremos una persona, una cosa o una situación no la conoceremos: simplemente nos relacionaremos a partir de nuestros pensamientos, opiniones, juicios.

Captar chispas de Misterio es cuestión de admiración.
Qué este 2019 sea todo admirativo: ¡buen camino!



sábado, 16 de julio de 2016

Niza y el supermercado



Niza, Francia: otro atentado. Otro dolor. Dolor inesperado, inocente. Útil e inútil a la vez. Útil si la humanidad logra comprender y crecer. Inútil si otra vez nos quedamos con lo de siempre y con lecturas a mi gusto superficiales de lo que ocurrió y ocurre.

Las declaraciones políticas y los títulos de la prensa, más allá de ser un mal necesario, me dejan siempre muy perplejo. No se logra cambiar de mirada, no se logra ver y tocar la raíz de las cosas.

Siempre en el fondo se repite y reafirma el mismo estribillo: nosotros somos los buenos que sufrimos los ataques de los malos. Y se lanzan proclamas patrióticos de unidad, de valor, de libertad, de lucha. Y se hacen reivindicaciones lógicas: demasiados lógicas. Pero la lógica no sana, no cura, no ayuda mucho en estos casos. Necesitamos algo más que la lógica porque  somos más que seres lógicos. Somos más que seres racionales. Decía con fuerza un conocido psiquiatra escocés que el ser humano que descubrió su racionalidad en estos últimos dos siglos fue también la causa de las dos últimas guerras mundiales y otras tantas con la matanza de millones de seres humanos: ¡lo absurdo de lo racional!

¿Todavía no nos dimos cuenta que no es este el camino? Desde Jesús, en general, seguimos actuando así a pesar de que los resultados no son muy alentadores.
Un simple hecho ya nos puede iluminar: esta postura es completamente reversible. Desde la perspectiva de los llamados “terroristas” o los asesinos de turno,  los malos somos nosotros y los buenos ellos, que defienden sus justas causas.

La raíz es más honda: hay que superar la simplista separación de buenos y malos, del bien y el mal. Bien y mal conviven en todo corazón humano y en toda sociedad. El no reconocer el mal que alberga en nuestro propio corazón nos lleva a proyectarlo afuera y a ver demonios por todos lados. Y esto vale para todos: “nosotros” y los “terroristas”, los de un bando y los del otro bando.
Hasta que no logramos ver que no hay bandos la humanidad seguirá sufriendo dolor inocente: útil e inútil.

El odio reciproco fue generado por actitudes equivocadas de ambos bandos. Los llamados “terroristas” son hijos de nuestro propio odio, de nuestra falta de aceptación de nuestro propio mal. Lo que la humanidad está viviendo en estas horas tristes es fruto de una falta de comprensión y una falta de aceptación de si mismo en todos los niveles: individual, colectivo, social y político.
No existe la sociedad históricamente perfecta, como no existe el ser humano perfecto. Si con perfección entendemos ausencia de negatividad. Existe el ser humano real y la sociedad real: hecha de luz y sombra. Esto es perfecto: lo real. Hasta que no aceptamos nuestra propia sombra y no aprendemos a amarla la proyectaremos afuera, generando lucha y odio.

¿Y el supermercado?

En mis idas a la capital voy de compras en algún supermercado: no solo para poder encontrar todo lo que necesito en el mismo lugar. Caminar por las góndolas me descansa y hago un ejercicio de atención: miro a la gente. Leo sus rostros, comparto su dolor, las risas y travesuras de los niños, el amor de las parejas, la soledad de los ancianos. Ayer me pareció que todos los rostros eran conocidos. Una sensación abrumadora y de paz a la vez. En realidad, usando mi cerebro, me di cuenta que no conocía a nadie. Pero con el corazón todos eran conocidos. 

Desde el silencio y la atención nos damos cuenta que todos somos lo mismo, que compartimos la misma identidad. Desde la mente nos percibimos distintos, cada cual con su historia. Las dos realidades van juntas.
Tal vez la humanidad necesita en este tiempo más de lo primero. 

Hay signos profundos que indican el emerger de esta nueva conciencia, el aparecer de esta mirada nueva. Tal vez todo este dolor sea necesario para comprender.
No hay separación entre bien y mal, entre buenos y malos. Hay solo amor, reconocido o no reconocido. Amor que espera ser reconocido para manifestarse.


Necesitamos reconciliarnos con el terrorista que vive en nosotros y en nuestra sociedad para reconocer que el “otro”, cualquier “otro”, es nuestro hermano, es sangre de nuestra sangre. Sangre divina y sangre humana. Es el conocido del supermercado.

martes, 16 de febrero de 2016

Observar

"Mucha observación y poco razonamiento conducen a la verdad, poca observación y mucho razonamiento conducen al error"


Alexis Carrell






La intuición de Carrell es fenomenal y es preparada y atestiguada por todas las religiones y las tradiciones espirituales de la humanidad: ¡tan importante es!

Nuestra desviación occidental hacia el racionalismo y la absolutización de la razón nos alejan de la verdad y nos ciegan. No logramos ni ver que no vemos.

La razón perdió su papel de instrumento para expresar e investigar humildemente la verdad y se volvió dueña y señora. Las consecuencias - a veces terribles - las tenemos a la vista.

Observar sin juzgar previamente nos hace percatar de algo extraordinario: la vida se nos regala a cada instante. Todo es gratis. Se habla de una observación detenida, atenta, constante. Y una observación no solo exterior, sino también interior: ponerse como observador de uno mismo. 
Observamos la vida que fluye en este momento, observamos que el Amor va creando la vida a cada instante.
Desde ahí podemos razonar, no antes.

Generalmente nuestro proceso es opuesto: imponemos a la vida nuestros estrechos y limitados pensamientos. 
Razonar sin observar es como encerrar a la vida en una celda y creer que solo esta es vida.
En realidad nuestro razonar es siempre relativo, condicionado, pasajero. 

Cuando en cambio nos ponemos en el lugar del observador nos situamos automaticamente más allá del pensamiento.
Nos vivimos y nos percibimos desde el lugar donde brota la vida y donde el Amor está fluyendo, libre y creativo.
Entonces la razón vuelve a su papel de herramienta a servicio de la vida y puede brindarnos cosas brillantes. 

Jesús lo comprendió y así lo vivió: "Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros! ¿Y quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un instante al tiempo de su vida? Si aun las cosas más pequeñas superan sus fuerzas, ¿por qué se inquietan por las otras? Fíjense en los lirios: no hilan ni tejen; sin embargo, les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! Tampoco tienen que preocuparse por lo que van a comer o beber; no se inquieten, porque son los paganos de este mundo los que van detrás de esas cosas. El Padre sabe que ustedes las necesitan. Busquen más bien su Reino, y lo demás se les dará por añadidura." (Lucas 12, 24-31).

Observa quieto y en silencio: verás al Amor. Verás que todo está bien, profundamente bien. 

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