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martes, 14 de agosto de 2018

Me llamas desde el silencio





Me llamas
desde las cosas,
hechas miel y veneno
reflejo silencioso de mi propia raíz.

Un latido silente
se abre camino.
Sendero de los dioses,
entre nieve y bosques.

Aturde el silencio de cada cosa
y cada corazón.
Vive hablando - bendito silencio -,
desde las profundidades.

Solo el miedo no amado
impide la visión y la vida.
Y el milagro del silencio
se renueva cuando el Amor es amado.

Tan liviana la Vida
y el existir.
Enamorarse otra vez
de la fragilidad,
es el único vivir.

Cual blanca pluma
y canto de gorrión,
maravillosa y quieta
la vida acontece y se esfuma.
Deslizándose en secreta armonia
entre mis venas. 



martes, 13 de febrero de 2018

Elogio de la patita




“Patita”: término criollo y silvestre que designa uno de los pies de los bebés. En ámbito alimentar puede designar también uno de los miembros inferiores de los cerdos.

En mi elogio me refiero – siempre es bueno aclarar – al primer significado del término en cuestión.

La patita de los bebés, sea la izquierda o la derecha, tiene un poder de atracción excepcional.
Yo también, lo reconozco, me siento fascinado por este miembro tan extraordinario.

¿Qué tiene la patita que tanto atrae y enamora?

La patita del bebé concentra en pocos centímetros dimensiones esenciales del ser humano: el anhelo de perfección, la fragilidad, la belleza.
Tal vez más que la manito, la patita del bebé expresa el extraordinario vínculo entre perfección y fragilidad.
Es asombroso notar la perfección de un miembro tan chico y frágil: todo es armónico, todo está en su lugar. También eventuales defectos “morfológicos” no quitan nada a esta perfección. Desde la patita podemos entonces comprender que nuestros ideales morales de perfección, nada tienen que ver con la perfección de la vida. Perfección de la vida que admite y ama la imperfección. Todo es perfecto: hasta la imperfección y la fragilidad.

La patita perfecta es, entonces, también frágil: nos damos cuenta al mirarla, al tocarla. La tocamos casi con reverencia y pudor. El tamaño casi microscópico de las falanges sugiere esta misma fragilidad que nos invita a acariciar la patita como un preciado cristal.

Todo ese juego de perfección y fragilidad desemboca en una enorme e indescriptible belleza.
La belleza de la patita de un bebé no se puede describir. Solo se puede cantar, solo la poesía puede decir algo. Solo el silencio pueda contemplarla.
Belleza que surge con toda probabilidad del invento de un Dios que supo y sabe conjugar perfectamente eternidad y temporalidad: lo eterno que se manifiesta y revela solo lo puede hacer desde lo frágil.

Contemplar una patita puede ser una profunda experiencia espiritual.
Basta estar atentos, otra vez. Basta estar ahí, presenciando el milagro de la vida.
Basta estar ahí, mirando con admiración y asombro; acariciando con pudor y entrega.
Por eso: busquen una patita para contemplar. Regálense el tiempo para contemplarla y amarla.
Contemplando la patita de un bebé aprendemos a aceptar y amar la fragilidad, aprendemos a cuidar de lo frágil y descubrimos la perfección que late en la profundidad de lo real.

Aprendemos que la ternura salvará el mundo.

viernes, 6 de enero de 2017

Hasta la muerte huele a melón




Siempre tan frágil esta mañana nueva,
hermosa y frágil la vida
que transcurre entre mis dedos y no me pertenece.
Frágil la sonrisa,
efímera y bella.
Como el hoy que se muere
donde otra luna vive.

Un suspiro de amor,
tu aliento y todo acaba.
Como la última nota
de la sinfonía más bella.

Frágil la vida que me enamora,
frágil y siempre nueva.
Eternamente viva
como unos ojos
llenos de amaneceres.

Renace el Misterio y terco se repite
y lo dejo ser.
Lo dejo ser, ¡si!
Sepulcro siempre abierto
donde hasta la muerte huele a melón.

martes, 18 de octubre de 2016

Alas de papel




Hace poco tiempo descubrí una linda canción: Alas del grupo español eXIT.

Les comparto el texto de la canción:

Hoy voy a soñar de nuevo
con mis alas de papel
y mis ganas de volar.

Hoy reviviré mi sueño.
Lo que importa es esperar
a que sople el viento a favor.

Hoy voy a volar
con mis alas de papel.
Tengo que esperar
a que sople el viento a favor.

Hoy voy a soñar despierto.
Necesito respirar
y dejarlo todo atrás.

Hoy conseguiré mi sueño.
Lo que importa es esperar
a que sople el viento a favor.

Hoy voy a volar
con mis alas de papel.
Tengo que esperar
a que sople el viento a favor.

Me gustó mucho la letra de la canción. Un texto que se podría usar para un retiro espiritual o un momento personal de oración.
Especialmente me llegaron dos aspectos que quiero compartir con ustedes.

En primer lugar “mis alas de papel”.
El deseo de volar del ser humano es siempre grande, en todos los sentidos.
Esencialmente podemos tomar lo simbólico del volar como un anhelo de libertad y vida plena.
¿Quién no desea ser verdaderamente libre y vivir en plenitud?
Hablamos de la libertad esencial: la de amar y de ser uno mismo. No de la libertad relativa de elegir esto o aquello que está siempre condicionada por el inconsciente y la heridas emocionales.

Este deseo de volar chocha muy tempranamente con la fragilidad. Somos frágiles. Tenemos alas de papel. Alas que no aguantan el vuelo. Caemos y fracasamos. Una y otra vez.
Lo interesante – tremenda la pedagogía divina – es que la Vida no nos regala alas más fuertes.
La Vida – las quebraduras y los raspones – nos enseña a volar con nuestras alas de papel.

La fragilidad es patrimonio humano. Bendito patrimonio que nos enseña el amor y nos empuja a mirar a lo eterno: el vuelo. Vuela y vuela. Vuela con sabiduría: me vino a la memoria el mito griego de Ícaro que con las alas pegadas con cera que su padre Dédalo le había hecho se acercó demasiado al sol. El sol derritió la cera e Ícaro murió.

La libertad y la plenitud anhelada no nos tienen que hacer olvidar nuestra esencial fragilidad. Los más experimentados místicos y maestros no perdieron conciencia de sus alas de papel.
Dicho de otra manera: volar con los pies en la tierra.
La experiencia de Dios es siempre experiencia del Misterio, de una Luz inaccesible: ¡cuidado a mirar demasiado de cerca! ¡Ojito a la presunción que está siempre al acecho!

Es la experiencia mística de Moisés:
Moisés dijo: “Por favor, muéstrame tu gloria”. El Señor le respondió: “Yo haré pasar junto a ti toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre del Señor, porque yo concedo mi favor a quien quiero concederlo y me compadezco de quien quiero compadecerme. Pero tú no puedes ver mi rostro, añadió, porque ningún hombre puede verme y seguir viviendo”. Luego el Señor le dijo: “Aquí a mi lado tienes un lugar. Tu estarás de pie sobre la roca, y cuando pase mi gloria, yo te pondré en la hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después retiraré mi mano y tú verás mis espaldas. Pero nadie puede ver mi rostro”.” (Éxodo 33, 18-23).

En segundo lugar: “el viento a favor”.
Como las aves podemos estar atentos a las corrientes favorables para emprender algún vuelo particular. Se dan situaciones en la vida concreta donde surge una posibilidad, una oportunidad. No hay que desperdiciarla. Es oportunidad de crecimiento y de comprensión.
Esperar pacientemente a que el viento sople a favor. Estar atento, abierto, disponible. Las cosas se dan a su tiempo. Y las que no se dan también. La paciencia nos enseña la atención y el respeto de los tiempos. La maduración de un fruto no es cuestión de violencia. Es cuestión de paciencia y respeto por las leyes naturales. Y es cuestión de cuidado y de mirada.

Jesús había dicho: “El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va” (Jn 3, 8). Hay que estar atento, estudiar las corrientes, investigar, esperar.

Todo esto no excluye la otra parte: siempre el viento sopla a favor. También cuando no hay viento o cuando nos parece contrario.
Todo conspira para tu plenitud, para tu libertad, para tu vuelo.
Estate atento y abierto: siempre sopla el viento a favor. Aunque no haya viento.






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