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viernes, 22 de marzo de 2019

Perfecto este dolor



Este fin de semana no podré publicar la reflexión sobre el evangelio del domingo (Lucas 13, 1-9). 
Les comparto entonces mi último poema, que terminé justo ayer, día mundial de la poesía. 


Perfecto este dolor
tan redondo y gentil
que se vuelve hasta cortés.

Esta luz humilde
llena las estrellas y los corazones.
No deja de sonreír.

Se rompen los moldes
sigilosos y fríos
que corrompían la primavera.

Amo esta Paz que relincha,
nodriza consumada y atenta
que nutre el temeroso paso del amanecer.

Quiebra el Silencio la estupidez,
vórtice humano, ineptitud.

Resucitan, silenciosos, los colores.

martes, 2 de octubre de 2018

Solitario gorrión




Cálido ruge el viento,
mensajero nunca gastado
del regalo del Amor.

Flota la tormenta
en los pasillos sonoros
del reluciente existir.

Se oye, se oye
el férreo silencio
que sostiene el andar.

Presagio de una calma
que me precede jubilosa,
puerto feliz del preguntar.

Solitario gorrión,
¡Solo frente a la tormenta!
Héroe desconocido.

¿Cual amor te mueve?
Quieto y firme
los mundos te sacuden.

En ti se resume y concentra
¡Oh inocente gorrión!
la humana sangre.

En ti me reconozco,
héroe sin nombre.
Y tu, parado, sonríes.

Suelta el león su melena
y casi sin ruido,
anuncia nuevos destinos.

Otro trinar rejuvenece
la belleza adormecida.
Y obediente el rugir se calla.
Joven, la calma lo acurruca.



jueves, 20 de septiembre de 2018

Luminosa Ausencia



Cuando en la perenne selva,
oscura la Presencia se disuelve
necesitaré más y más silencio
para beber de la inagotable fuente
de tu luminosa Ausencia.

Y cuando el cansancio de los rostros
asomará en la húmeda ventana
surgirá terrible la pregunta nunca hecha:
¿La Ausencia de un dios conoce el humano sufrir?

Quebrará entonces tu sonrisa hecha luz,
la corteza tenaz y tosca que esconde la vida,
- ¡chorro infinito y cristalino! -
y estallará la paz que desde siempre

va nombrando los dioses y las cosas.

martes, 28 de agosto de 2018

Duerme la luz




Duerme la luz,
amarrada en instintos y deseos.
Duerme oculta en lo profundo,
y la ternura la custodia y amamanta. 

Duerme ahí, sola e infinita,
donde irrumpe la vida aconteciendo.
Duerme y vive,
Luz Viviente,
esperando un látigo o un suspiro.

¡Despierta! Oh Luz bonita
que me habitas;
brote y germen, 
semilla divina.

Aquieta la inquietud
y aclara la visión,
Luz que me engendraste
y que alimentas mi sentir.

Lentamente el silencio
me conduce - bendita lentitud -,
donde la luz descansa,
ahogada en lágrimas.

Lento y atento 
sigo las invisibles huellas.
Me aferra lo desconocido;
y el miedo agazapado mira,
sangrientos mirar.

Habrá que mirar a los ojos,
los miedos y la muerte
y será la luz mi compañera y amiga.

Calma es este dios rebelde
que susurra, atado en brumas,
los ecos de la tierra;
y se mueve, ¡amor ardiente!
anclado en la durmiente luz.

Perenne es esta Calma luminosa:
Mi Casa. Nuestra Casa. 
Hay que detenerse 
para despertar a la luz. Una y otra vez.

Hay que detenerse para salvar el mundo
emparchar de sonrisas el dolor,
y no pertenecerse. 

Hay que detenerse para que florezca la belleza,
calma primavera de colores,
donde la luz, por fin libre, 

suelta látigos de vida pura. 

martes, 14 de agosto de 2018

Me llamas desde el silencio





Me llamas
desde las cosas,
hechas miel y veneno
reflejo silencioso de mi propia raíz.

Un latido silente
se abre camino.
Sendero de los dioses,
entre nieve y bosques.

Aturde el silencio de cada cosa
y cada corazón.
Vive hablando - bendito silencio -,
desde las profundidades.

Solo el miedo no amado
impide la visión y la vida.
Y el milagro del silencio
se renueva cuando el Amor es amado.

Tan liviana la Vida
y el existir.
Enamorarse otra vez
de la fragilidad,
es el único vivir.

Cual blanca pluma
y canto de gorrión,
maravillosa y quieta
la vida acontece y se esfuma.
Deslizándose en secreta armonia
entre mis venas. 



martes, 19 de diciembre de 2017

¡Feliz Navidad!

(Mosaico hecho con los niños de la catequesis y la comunidad parroquial)


Quiero escapar de las luces
y vivir la Navidad.
Escapar del ruido
y sentarme cerca del niño Dios.
Para vivir la Navidad.
En la noche silenciosa
todo acontece
y sigue aconteciendo.
Viviendo la Navidad.
Dios calla sereno
en los brazos de María,
y en el silencio de un Dios
todo está dicho.

¿Cómo vivir la Navidad?
¿Cómo desear una Feliz Navidad a toda la gente que conozco, tantos amigos y hermanos que la vida me regaló?
¿Cómo llegar a todos?

Las respuestas surgieron después de mi meditación diaria: con silencio y poesía.
Me gustaría poder abrazar a cada uno, compartir la mesa con cada uno, brindar con cada uno. Me gustaría poder mirar a cada uno a los ojos y decirle: “Eres el amor, todo está bien. Estoy contigo”.
No puedo hacerlo materialmente, lo hago a través del silencio y esta poesía que les regalo, como presente navideño.
¿Cómo vivir esta Navidad? Esta única Navidad ya cercana. No sabremos si viviremos otras.
El peligro de la rutina y la superficialidad nos persiguen a cada paso. Salir de lo rutinario y lo superficial es ir contracorriente en una sociedad empastada de pan dulces y turrones, de alcohol y ruido, de fiestas y turismo.

¿Cómo vivir esta Navidad para reencontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con los demás?

Sugiero y comparto unas simples pistas.
·      Agarra a un niño Jesús o un pesebrito pequeño. Siéntate en silencio y contempla. No pienses: solo contempla en silencio. No digas nada, no pidas nada, no hagas propósitos: solo contempla en silencio. Media hora mínimo.
·      Invita a cenar el 24 de noche o almorzar el 25 a mediodía una persona que pasará sola: un enfermo, un anciano, un pobre. Contempla su mirada, escúchalo. Intenta ver en el/ella el Dios que nadie ve.
·      Visita a un enfermo en el hospital. Llévale flores, una tarjetita, un niño Jesús. No comida. La mayoría de la gente necesita más flores y sonrisas que comida. Recordamos a Confucio: “¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.”
·      Tomate un tiempo de meditación caminando por la naturaleza. Elige lo que más te inspira y te gusta. Camina despacio, respira, sonríe. Contempla con atención los detalles que te atrapan: Dios te está hablando en eso. Y todo eso es Navidad: tu caminar, tu respirar, tu contemplar.
·      Llama a esta persona que no te cae muy bien, que te hizo algún daño, que te molesta. Deséale una feliz Navidad. Si no logras llamarla deséale felicidad y paz desde tu corazón. Envíale tu amor secretamente.
·      Saca de tu ropero lo que no usas, lo superfluo. Dónalo.
·      Apaga la tele. Desenchufa la tele. Guárdala en el galpón hasta el 26. A menudo el crecimiento espiritual y la paz del corazón son inversamente proporcionales al uso de la televisión.
·      Ordena tu casa, tu cuarto. Pinta si puedes. Renueva, crea armonía. Deja un espacio sagrado con una imagen o un objeto que te ayuden a centrarte y volver a ti mismo y a Dios.

Podes seguir todas estas pistas o solo algunas o solo una… escucha tu corazón y sé honesto con tu anhelo interior.
Feliz Navidad así. Agradecido por tu que me lees y por los que no me leen. Agradecido por el don de la amistad, de la familia y la ternura.

Ya no escribiré más augurios, ya hablé demasiado y tengo que volver a sentarme cerca del niño. Estarás presente en mi corazón y mi respirar en la Nochebuena, la noche donde la ternura se hizo rostros y sonrisas.

Feliz Navidad, desde el Amor y el Silencio. Ahí y solo ahí nos encontramos verdaderamente.



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