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viernes, 28 de abril de 2017

Cámara del tesoro


“Intenta penetrar en la cámara del tesoro que llevas dentro y así verás la celestial; porque ambas son exactamente iguales, entras en una y contemplas las dos”.
 Isaac de Nínive (640 – 700).

Isaac de Nínive fue un monje, teólogo y meditador cristiano. Hoy nos regala una indicación maravillosa para nuestro camino espiritual y nuestra búsqueda de Dios.
La “cámara del tesoro”: ¿Qué será dicha y secreta cámara?
La “cámara del tesoro” es nuestra común y más profunda identidad: los budistas la llaman “auténtica naturaleza” y los cristianos “Cristo interior”. Es lo que somos, más allá de lo que pasa y muere. Es lo eterno en nosotros.
Es una cámara del tesoro, porque no hay tesoro más importante que descubrir quienes somos de verdad y cual es nuestra manera única y original – la vocación – de manifestar lo Uno y Único. ¿Cuál es tu manera única y original de manifestar el Amor que solo es y todos somos?
Isaac, como todos los místicos, nos introduce en el Misterio de lo Uno que sostiene y abarca las distinciones.
Penetrar en nuestra cámara interior es penetrar a la vez en el “cámara celestial”: lo divino.
Descubrimos así, una y otra vez, que humano y divino son las dos caras de lo mismo. La Realidad es Una y se manifiesta humanamente.
Como decía también San Agustín: “Dios es más íntimo que nuestra propia intimidad”.
Penetrar en lo más íntimo de nosotros es penetrar en la intimidad de Dios. Más aún: descubrir que solo hay Dios.
El problema es “penetrar”: romper los muros de nuestro ego, nuestros miedos, nuestra inquietud mental. No es fácil.
Necesitamos practicar. Necesitamos silencio. Necesitamos coraje. Necesitamos humildad.




lunes, 27 de febrero de 2017

Misionero y monje


Feliz en la soledad
“Sin el hijo que tanto deseaba;
sin los besos de una mujer compañera;
lidiando todo el día con lo austero.
Así la soledad me miró.
Y Dios me hice feliz de otra manera.
Dentro de paredes y rigurosa clausura
el cielo y la tierra mis fronteras,
en la rutina monástica y seria,
sólo con la aventura de la fe.
Y Dios me hace feliz de otra manera.
Como una nube que vuela solitaria,
bella parábola del grano de trigo,
así vivo en mi celda sin testigo,
ningún otro entretenimiento que mi oración.
Y Dios me hace feliz, y yo lo bendigo.
Vibro con mi cuerpo consagrado
como piedra esculpida en la minería;
a la espera de la Eterna Primavera
suspirando así tanto como yo soñaba.
Y Dios me hace feliz de otra manera.
Domino el corazón con la castidad,
la humanidad sin ninguna dificultad;
en silencio en mi celda, a la espera
sin nada que suavice mi soledad.
Y Dios me hace feliz, y ¡cómo!”
(un monje cartujo)

Me gustó este texto/oración del anónimo monje cartujo. Me gustó y me encuentro. Los cartujos fueron fundados por San Bruno. Son monjes de vida semieremítica y contemplativa. Distribuyen el tiempo entre la soledad individual y la oración en la comunidad monástica.
Soy un poco monje. Lo descubrí hace unos años. Soy misionero y monje. Amo estar con la gente, amo jugar con los niños, cenar con familias, escuchar personas, construir dignidad. Amo reír y bailar con los jóvenes, compartir el barro codo a codo con los pobres. Simultáneamente amo el silencio y la soledad. Amo estar solo, amo leer, contemplar pájaros y flores. Amo la celda de mi cuarto y mi corazón. Mi corazón de monje es misionero. En el fondo misionero y monje expresan las dos caras de lo mismo. Es el mismo y único amor que se manifiesta hacia fuera y hacia adentro.
Misionero y monje, monje y misionero. Cada cristiano, cada ser humano tendría que ir incorporando las dos dimensiones del Ser: adentro y afuera. Silencio y Palabra. Virginidad y fecundidad. Cada cual en el ruido de mundo, rodeado a menudo de estupidez y superficialidad, puede encontrar su corazón de monje. Es esencial.

Gracias infinitas a la Vida que me hizo misionero del silencio. Mano tendida. Monje feliz.

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