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viernes, 18 de diciembre de 2015

La ética de Jesús

"La ética de Jesús es la ética de la alegría de vivir para todos, de la alegría compartida con todos, ninguno excluido. Y es lo que más cuesta, asumir y aceptar esto como proyecto de vida. Porque la ascética más dura no es la ascética de la renuncia, sino aquella de la donación"


José María Castillo




El teologo español Castillo, conocido por su valentía, coraje, profundidad y apertura, nos da una clave de lectura importante para nuestro vivir humano y cristiano.

La ética es la ciencia que se ocupa justamente de la manera de vivir, del comportamiento del ser humano. Responde a la pregunta: ¿Cómo hay que vivir?

Me parece acertado e iluminante que Castillo defina la ética de Jesús como la ética de la alegría para todos. El autor, y yo le sigo, subraya el "para todos". Estamos en un mundo donde parece que sólo pocos pueden vivir de la alegría. Muchos no tienen las mínimas condiciones para disfrutar de este hermoso regalo que es la vida.
El evangelio - la palabra misma lo dice - es Buena Noticia. El evangelio es propuesta de vida plena y alegre para todos
Hasta que haya una persona triste en el universo, una persona que no se de cuenta de la raíz alegre de la vida, todavía hay espacio para el anuncio del evangelio. 

Esta ética de la alegría que el evangelio nos propone nos pide una conversión, es decir, un cambio de dirección.
Hasta hace poco, y todavía sigue presente aquí y allá, se centraba el vivir cristiano en la renuncia. El pensamiento subyacente era el siguiente: el mundo en el fondo no es tan bueno; hay que renunciar y sacrificarse, decir "que no" a un sinfín de cosas para encontrar la vida y la salvación.

La ética de la alegría que Jesús nos propone es más humana, sabia y vivible. El mundo es un don maravilloso, donde hay vida de sobra para todos; la salvación está siempre presente en la vida comunicada a cada instante. Esta vida pide ser compartida para llegar a todos, especialmente a los que sufren.

Se pasa de la centralidad de la renuncia a la centralidad de la donación. Donación que es mucho más exigente y humanizante que la simple renuncia.

En otras y cristianas palabras: el amor no es, antes que nada, negación. El amor pide ser - y puede ser - experimentado en plenitud para ser compartido. Para todos


miércoles, 21 de octubre de 2015

Dejar pasar

"Renunciar no es deshacerse de las cosas de este mundo, sino aceptar que pasan"


Robert Aitken



En nuestra vida y en nuestro camino espiritual estamos también llamados a la renuncia. En la espiritualidad cristiana de hace un tiempo se ponía mucho el énfasis en la renuncia: esto venía de una comprensión de la fe y del cristianismo en sentido moral. Se renunciaba para ser más virtuoso o para alcanzar logros espirituales. 
La renuncia entonces se volvía difícil muchas veces y, a menudo, nos dejaba en la frustración. En todo caso se entraba en un circulo vicioso: el del esfuerzo y del merito.

Cuando caemos en la cuenta de la radical gratuidad de la vida y de todo lo que somos, el enfoque cambia.
Todo es un don y la plenitud está aquí y ahora: ¿para que renunciar? ¿a qué renunciar?

En realidad estamos llamados a renunciar a lo que no-somos, a las cosas que nos distraen de nuestra conexión con nuestro ser más autentico.
No podemos renunciar a lo que somos: sería absurdo y además imposible.
Cuando Jesús nos pide la renuncia a nosotros mismos pide la renuncia a todo esto, esencialmente lo podemos identificar con el ego, con las ilusiones que nos hacen pensar que nuestra identidad está en cosas que pasan.
La renuncia se vive justamente en esto: dejar que las cosas pasen sin aferrarnos. Así de simple. Porque lo que somos no pasa, no puede pasar. Si algo pasa significa que no es lo que somos. 

La renuncia por si misma no tiene mucho sentido y nos hace perder el sentido de que todo, absolutamente todo, es una maravillosa manifestación de Dios.
La Vida misma se encarga de hacernos vivir la renuncia: ella sabe el momento correcto. La Vida es mucho más sabia que nuestro egos.
La muerte de una persona, las perdidas de cosas, situaciones, bienes, afectos... no dependen esencialmente  o solo de nuestras decisiones o elecciones: ocurren. Cuando ocurren la vida nos pide renunciar, aceptar que pasan.

Cuando todo esto nos afecta nos podemos plantear una y otra vez la pregunta clave: ¿qué es lo que no pasa? ¿Donde radica mi identidad?

¡Benditas renuncias que nos plantean la pregunta más importante!


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