miércoles, 21 de octubre de 2015

Dejar pasar

"Renunciar no es deshacerse de las cosas de este mundo, sino aceptar que pasan"


Robert Aitken



En nuestra vida y en nuestro camino espiritual estamos también llamados a la renuncia. En la espiritualidad cristiana de hace un tiempo se ponía mucho el énfasis en la renuncia: esto venía de una comprensión de la fe y del cristianismo en sentido moral. Se renunciaba para ser más virtuoso o para alcanzar logros espirituales. 
La renuncia entonces se volvía difícil muchas veces y, a menudo, nos dejaba en la frustración. En todo caso se entraba en un circulo vicioso: el del esfuerzo y del merito.

Cuando caemos en la cuenta de la radical gratuidad de la vida y de todo lo que somos, el enfoque cambia.
Todo es un don y la plenitud está aquí y ahora: ¿para que renunciar? ¿a qué renunciar?

En realidad estamos llamados a renunciar a lo que no-somos, a las cosas que nos distraen de nuestra conexión con nuestro ser más autentico.
No podemos renunciar a lo que somos: sería absurdo y además imposible.
Cuando Jesús nos pide la renuncia a nosotros mismos pide la renuncia a todo esto, esencialmente lo podemos identificar con el ego, con las ilusiones que nos hacen pensar que nuestra identidad está en cosas que pasan.
La renuncia se vive justamente en esto: dejar que las cosas pasen sin aferrarnos. Así de simple. Porque lo que somos no pasa, no puede pasar. Si algo pasa significa que no es lo que somos. 

La renuncia por si misma no tiene mucho sentido y nos hace perder el sentido de que todo, absolutamente todo, es una maravillosa manifestación de Dios.
La Vida misma se encarga de hacernos vivir la renuncia: ella sabe el momento correcto. La Vida es mucho más sabia que nuestro egos.
La muerte de una persona, las perdidas de cosas, situaciones, bienes, afectos... no dependen esencialmente  o solo de nuestras decisiones o elecciones: ocurren. Cuando ocurren la vida nos pide renunciar, aceptar que pasan.

Cuando todo esto nos afecta nos podemos plantear una y otra vez la pregunta clave: ¿qué es lo que no pasa? ¿Donde radica mi identidad?

¡Benditas renuncias que nos plantean la pregunta más importante!


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