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sábado, 6 de agosto de 2016

El arte de desaparecer



Desaparecer es un arte. Un arte como pintar, escribir poesía, componer música. Pero tal vez es un arte más profundo y exigente aún. No basta la genialidad que todos, en mayor o menor medida, tenemos escondida en un baúl de acero de nuestra intimidad. No estoy hablando del desaparecer de magia y magos obviamente: esto es arte barato en comparación.

Hablo del desaparecer del “yo”, de nuestra identificación con un personaje, un rol o, en definitiva, algo superficial de nuestra persona que, en definitiva, no es lo que somos.
Este “yo” que confundimos constantemente con nuestros pensamientos.

Para que nuestro verdadero ser aparezca el “yo” tiene que desaparecer. Para que el verdadero ser brille hay que correr las cortinas del “yo”. Para que Dios sea en todo su esplendor el “yo” tiene que dejar de “ser”. Lo intuyó Juan Bautista cuando dijo: Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3, 30) y lo afirmó cabalmente Jesús: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará” (Mt 16, 25).

Hacer desaparecer el “yo” es un arte, sí. Se aprende y se práctica, como todo arte. Aunque el don ya lo tenemos. Como la genialidad, la creatividad: ahí, en el baúl de acero.

Desaparecer no significa “aniquilar”, ni matar. En el fondo nuestro “yo”, por ilusorio y superficial que sea, juega su rol y nos presta su servicio: aunque sea por aprender el arte de hacerlo desaparecer. Y alcanzaría. El arte es bello por sí mismo, es útil en sí mismo. No tiene finalidad, no quiere lograr nada, no entra en dinámicas comerciales. El arte vive de otra utilidad: más profunda, más humana y humanizante.
Por ejemplo: se pinta por pintar. Se escribe poesía por el simple placer de escribir. Nada más. Y nada menos tampoco. Como el jugar de los niños: ¿Para qué juegan los niños? Por el simple disfrute del jugar.

¿Le preguntaríamos a Beethoven o Mozart la finalidad de sus secuencias deliciosas de notas?
¿O a Van Gogh la utilidad de su famoso autorretrato o de los girasoles?

Claramente hay que vivir y por eso a veces también – muy a pesar – hay que “vender” y “comprar” arte, aunque no es casualidad que muchos artistas murieron en pobreza: su vida fue rica y útil de otra manera.
Nuestro “yo” entonces puede desaparecer pero queda ahí, recordándonos que somos tierra, polvo de estrellas, pero polvo. Siempre tentados por la apariencia, lo superficial, lo fácil, lo puramente placentero.

Para ser feliz en este caminar entre polvo hay que aprender este arte. Y hay que vivirlo. Es un arte sutil, que requiere paciencia.
Hay que pescar en nuestro baúl de acero para que la luz estalle. Ahí reside nuestro ser auténtico, imperecedero, divino. Entonces de a poco el “yo” desaparece. Paulatinamente, como deslizándose con algo de vergüenza. Todo un arte.
Un arte que necesita silencio, profundidad, intimidad, coraje. Un arte que va tiñendo todo de los colores del Amor.

Hay que estar vivo y sumamente presente desde la luz imperecedera. Atento y despierto, pero sin “yo”: es delicado, ciertamente. Y frágil, muy frágil. Justamente un arte. Un golpe de pincel mal dado puede arruinar una palabra. Como una “coma” mal puesta una poesía.

En el fondo hay que ser Vida, para estar vivo. Hay que ser Luz, para iluminar. El arte de desaparecer es el arte de estar presente a la Vida sin que nuestros pensamientos estropeen su belleza y su fluir, sin que nuestros sentimientos y emociones nos arrebaten la paz.

Mi amigo Rumi lo había entendido perfectamente cuando exclamó jubiloso: “¡Qué alivio estar vacío. Dios puede vivir tu vida!”. Y otro amigo – San Pablo – había dicho siglos antes: “No soy yo que vivo, es Cristo que vive en mí” (Gal 2, 20).
Porque en esto justamente consiste este arte: ser vacío, para que Dios sea.

Sin duda, en mi parecer, el arte más hermoso.




miércoles, 23 de marzo de 2016

Más y menos



"El hombre es infinitamente más de lo que piensa, aunque mucho menos de lo que se cree."

Halil Bárcena


Halil Bárcena, experto en espiritualidad sufí, nos regala esta perla comentando un texto de Rumi.
En realidad es una comprensión que podríamos aplicar tranquilamente a todas las grandes tradiciones espirituales. 

La verdad, venga de quien venga y se exprese como se exprese, es siempre verdad. Y sabemos que algo es verdadero porque nos alimenta y nos regala paz y luz. 
Aconsejo tomarse un tiempo de silencio y contemplación para rumiar esta frase: su verdad la atrapamos intuitivamente, no conceptualmente.  Es esencial: la verdad, sobre todo la verdad existencial, se intuye, no se explica.

Esta frase provocadora nos invita a ser prudentes y profundos para poder comprenderla cabalmente y así poder vivirla. Es cuestión de matices, pero a menudo un matiz transforma todo, como el lugar adonde ponemos una coma o un punto puede cambiar radicalmente el sentido de una frase.

Central es comprender la distinción entre "pensamiento" y "creencia".
El pensamiento en general surge solo y solo se va y depende en gran medida de nuestra cultura, educación y heridas emocionales.
La creencia es un pensamiento que quedó congelado por el ego.
El ego es el mecanismo psicológico por excelencia que quiere darnos una identidad fuerte a partir de la identificación con realidades ilusorias y pasajeras (nombre, rol, profesión, bienes, etcétera).
Cuando quedamos atrapados en el pensamiento percibimos que somos "poca cosa" y en seguida nos aferramos a esta "poca cosa" dandole un fuerte sentido de identidad: la "poca cosa" que hemos pensado se transformó en nuestro "yo" omnipotente.

En general nos movemos en la existencia entre estos dos opuestos: una bajísima autoestima y un deseo ilusorio de omnipotencia.
Cuando nuestro pensamiento queda más o menos libre de nuestro ego percibimos todas nuestras limitaciones y fragilidad. Cuando el ego toma la delantera nos creemos omnipotentes.

En los dos casos hemos perdido conexión con nuestra verdadera identidad. Lo que somos va más allá de lo que pensamos y trasciende la ilusión del ego.

El camino espiritual consiste justamente en eso y solo en eso: descubrir nuestra autentica identidad y vivirnos desde ahí.

Descubierto eso seremos libres de los peligros de los opuestos: baja autoestima y omnipotencia.
Nos viviremos desde lo que somos: amor. Amor infinito y eterno que se está expresando momentáneamente en nuestra efímera existencia. 







jueves, 3 de septiembre de 2015

Escuela del Silencio/2


Ayer dimos unas pistas sobre lo que no-es el silencio, mejor dicho, sobre lo que no lo define. El Silencio dijimos no se puede definir: en el momento que lo intentamos ya lo traicionamos. Lo mismo ocurre con lo que etiquetamos como "Dios": al intentar decir el Misterio lo traicionamos. Esto los místicos lo sabían y lo saben y por eso para ellos el lenguaje mejor para hablar de Dios es el silencio.
Igual podemos y debemos decir algo, siendo consciente de todo eso.
Una pista interesante nos viene del jesuita Javier Melloni cuando dice: "El silencio no es ausencia de ruido, es ausencia de ego". Su referencia va directa al ser humano, ya que en la naturaleza no existe el ego y por eso el Silencio puede expresarse libremente y creando continuamente.
Sobre el "ego" podríamos hablar mucho; por ahora alcanza decir que tiene que ver con nuestra mente y sobretodo con nuestra falsa identidad o "falso yo". Cuando quedamos atrapados en el "yo" entramos en un vórtice de palabras y movimiento que se oponen y oculta lo que en realidad somos: Silencio divino.
Sólo el Silencio nos revela entonces nuestra verdadera identidad. Por eso es tan esencial entrar en esta experiencia. 

Por hoy nos dejamos con una hermosa frase del Maestro Eckhart que los invito a meditar durante todo este día:
"Nada en la creación iguala a Dios como el silencio".



viernes, 31 de julio de 2015

¿Dónde está el Espíritu?

"¿No son acaso nuestros prejuicios los que determinan dónde suponemos que está el Espíritu y dónde no lo está?"

Ken Wilber




Ken Wilber es, a juicio de muchos, el mayor experto en el tema de la conciencia a nivel mundial. Su enfoque, compartido con muchos, es integral. Intenta comprender la realidad en sus múltiples facetas y dimensiones. Es también un amante y un experto de la espiritualidad. En su libro "Espiritualidad integral" encontramos la frase citada: "¿No son acaso nuestros prejuicios los que determinan dónde suponemos que está el Espíritu y dónde no lo está?"

Fundamental pregunta e importante cuestionamiento: justamente para ir abriéndonos a una visión integral de la realidad.

En efecto, si somos honestos, debemos reconocer que muchas veces son nuestros prejuicios y nuestra mentalidad cerrada y dogmática los que nos conducen en la vida. Nuestro yo superficial (nuestro ego) se atribuye el derecho de definir y juzgar: el Espíritu está acá y no allá, actúa más en esto que en lo otro. Para no decir del constante tinte moral que le atribuimos, obviamente según "nuestros" criterios: el Espíritu actúa en lo que "yo" considero que está bien y es moralmente bueno.

Visión sumamente pobre del Espíritu como podemos reconocer con un mínimo de lucidez.

En realidad el Espíritu es Pura Libertad, Pura Energía, Pura Vida derrumbando barreras y engendrando en cada instante la Realidad. El Espíritu crea constantemente más allá de nuestros criterios. El único criterio del Espíritu es lo real, en otras palabras, la vida. No hay lugar sin Espíritu, no hay situación sin Espíritu, no hay dolor ni desastre sin Espíritu. El Unico Espíritu actúa en las diferencias, se expresa en lo distinto, creando armonía y belleza.
A nosotros reconocerle y ponernos en sintonía: acá la clave. Clave de la paz, del amor, de la fecundidad.

viernes, 10 de julio de 2015

Hilo y soga

 “¡Qué importa que el pájaro esté atado a un hilo o a una soga! Por muy sutil que sea el hilo, el pájaro quedará atado como a la soga, hasta que no logre cortarlo para volar. 

Lo mismo vale para el alma apegada a algo: no obstante todas sus virtudes no alcanzará nunca la libertad de la unión con Dios”

San Juan de la Cruz


Juan de la Cruz, sublime maestro de vida espiritual, nos recuerda algo esencial en el camino espiritual. Por ser algo esencial es algo que encontramos en todas las tradiciones espirituales y en el camino de cada ser humano. Hablamos de la relación entre apego y libertad. 
Podemos decir que el camino espiritual es un viaje desde el apego hacia la libertad.
El apego tiene sus hondas raíces en nuestra psique, nuestra historia, nuestras heridas. El camino es largo, pero hermoso. Vivimos apegados a miles de cosas: personas, sentimientos, bienes, afectos, situaciones, emociones, mi imagen, los juicios de los demás...
Juan de la Cruz nos dice que la unión plena con Dios es fruto de la plena libertad: no importa cuan sutil sea mi apego. Siempre es apego. Lo que hay que desarmar es el apego mismo, no lo grande o importante de la realidad a la cual estoy apegado. 

Por su trascendencia volveré a menudo en este blog sobre este tema. Empezamos a caminar...sin duda el primer paso es la toma de conciencia: ¿por donde van mis apegos? ¿A que realidades estoy más apegado? ¿Quiero ser libre?


jueves, 9 de julio de 2015

El silencio

Hoy les comparto el tema y la reflexión que trabajaremos en esta jornada de misión...


EL  SILENCIO




El Silencio es ausencia de ego, nos conduce a la verdad, a lo de dentro, a lo olvidado, a uno mismo, a nuestro verdadero hogar, nuestra identidad más profunda…

El Silencio permite que el ego no se interponga y podamos acceder a nuestro corazón.


El Silencio es un mástil al que como Ulises hay que agarrarse para no dejarse arrastrar por los cantos de sirenas del egoísmo y el exterior.

En el Silencio, nuestro ego, tiene que rendirse a nuestro corazón, por eso lo pasa tan mal.

La gran verdad que somos, nadie nos la puede decir, es un desvelamiento en el Silencio.

El Silencio es siempre el camino que nos lleva directos a la verdad que somos.
De lo que nos liberamos en el Silencio es de todo lo que nos separa de los otros y de uno mismo.

El Silencio es una fuente de dicha, porque nos permite retornar a nosotros mismos.

El Silencio no nos quita  nada, todo nos lo devuelve (la vida) pero con otra mirada, con otra calidad de escucha.

El Silencio es fuente de libertad.

Es en el Silencio donde uno entiende.

José Fernández Moratiel



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