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viernes, 22 de marzo de 2019

Perfecto este dolor



Este fin de semana no podré publicar la reflexión sobre el evangelio del domingo (Lucas 13, 1-9). 
Les comparto entonces mi último poema, que terminé justo ayer, día mundial de la poesía. 


Perfecto este dolor
tan redondo y gentil
que se vuelve hasta cortés.

Esta luz humilde
llena las estrellas y los corazones.
No deja de sonreír.

Se rompen los moldes
sigilosos y fríos
que corrompían la primavera.

Amo esta Paz que relincha,
nodriza consumada y atenta
que nutre el temeroso paso del amanecer.

Quiebra el Silencio la estupidez,
vórtice humano, ineptitud.

Resucitan, silenciosos, los colores.

miércoles, 11 de abril de 2018

Por el sendero de la noche...




No se puede llegar al alba
sino por el sendero de la noche
Khalil Gibran


El gran poeta libanés Gibran (1883-1931) autor del famoso libro “El Profeta” nos regala una de sus intuiciones:

No se puede llegar al alba
sino por el sendero de la noche

El sendero de la noche tiene que ser recorrido
por cada ser viviente.
La noche, oscura y bendita, tiene sus secretos
que la luz del día no conoce.

El sendero de la noche es “tu sendero”:
único, original y maravilloso.
Es el sendero donde, de repente, te encuentras perdido
y los miedos te acechan como fantasmas.

Es la noche de tus cansancios,
la noche del dolor: físico, emocional o moral.
Caminando por el oscuro sendero
se puede tropezar
y hasta se oye un grito: ¿dónde está el Amor?

Silencio y soledad acompañan el sendero.
Se camina, parece sin rumbo,
mientras la noche te construye.

El anhelo del alba nos ilumina
y caminamos en la luz que siempre fue.

Dichosa alba,
que solo se descubre
por el sendero de la noche.

Dichosa alba,
que desde el revés de la historia
siempre atrae y nutre a sus hijos.

Bendita la noche y bendito el sendero
por donde el alba se vislumbra y se encarna.
Y todo despierta sereno
mientras la belleza toma su forma y su color.

Despierta el mundo y cada carne
y el silencio se convierte en profecía,
gracias a la noche.

Amar la noche y amar el sendero,
desde el alba que nos sostiene y engendra,
luz que surge desde adentro
futuro aconteciendo y regalado.

Noche y alba, sendero y meta:
única cuerda que la Vida sabe tocar.



miércoles, 21 de marzo de 2018

Del lado del Arquero





-      Maestro: “¿Cómo puedo evitar las flechas del destino?
-      Ponte del lado del Arquero

Me gustan mucho estos cuentitos cortos, estos aforismos, estos brevísimos diálogos. Son como pinceladas que pueden iluminar repentinamente.
Ocurre a menudo que con textos más largos y conceptuales nos perdamos mientras que un corto dialogo o frase puede hacer brecha en el ruido mental y llegar directamente al corazón y desde ahí activar el poder intuitivo que late en cada uno.
Hay que estar atentos: la intuición es más poderosa y verdadera que lo racional.
Una vez que la intuición capta el mensaje podemos utilizar la mente para intentar comprenderlo racionalmente y transmitirlo.
Es lo que intento hacer con nuestro pequeño dialogo:

-      Maestro: “¿Cómo puedo evitar las flechas del destino?
-      Ponte del lado del Arquero

El discípulo – afuera de la metáfora – está preguntando a su maestro como evitar los golpes de la vida. Nadie quiere evitar lo que le gusta y le hace bien.
La respuesta seca y sabia del maestro pone del revés la pregunta: la única manera de evitar las flechas es convertirse en arquero.
¿Adonde apunta el maestro?

A la perspectiva. A la percepción. A la visión.
El discípulo percibe la vida como algo que le ocurre desde afuera. Se percibe como un ser separado de la vida al cual le ocurren cosas. Y quiere evitar los acontecimientos desagradables.
El maestro lo invita a reubicarse, a ver las cosas de otra manera. A cambiar de lado.
La vida no es algo separado que nos está ocurriendo. Somos esa misma Vida, ese Arquero con la A mayúscula.
Vive la vida” le sugiere el maestro. O mejor: “deja que la Vida te viva”.

En otras palabras: el discípulo está en una visión dualista y el maestro lo invita a pasar a la visión no-dual o de la unicidad.
Es el camino contemplativo, el camino del silencio.
Desde el silencio experimentamos que no hay flechas, sino simplemente Arquero. Divino y único.
Desde el silencio podemos ver que la Vida es Una y que – simple y maravillosamente – somos expresiones de esa Vida. Soy la Vida que se está viviendo en mí.
Desde esta perspectiva, percepción y visión no existen flechas ni destino. Se termina el juego mental – compulsivo e inconsciente – del juzgar, del desear, del rechazar.
Surgen la belleza y la gratuidad: Vida plena manifestándose. Un Arquero enamorado que siempre da en el blanco.

Y… ¿Qué pasa con las flechas?
La experiencia sugiere que las dificultades, los golpes, los límites siguen.
Es cierto y es la experiencia también de todos los sabios, santos e iluminados.
Nadie en el mundo está exente de experimentar las flechas del dolor.
Ponerse del lado del Arquero no significa dejar de experimentar la cuota de dolor que a cada cual le toca.
Pero, viviendo la Vida desde la Vida que somos, todo se transforma radicalmente. Viviremos las flechas – las experiencias de dolor – desde la Paz y el Amor que somos. Las viviremos como expresión también del Amor. Las viviremos como oportunidades para descubrirnos y crecer. Las viviremos sin la angustia que generalmente acompaña a las experiencias del dolor, del límite, del fracaso.
Viviremos las flechas con responsabilidad: ¡no hay nadie disparándolas! No tenemos que culpar a nadie. Somos responsables de nuestras propias flechas, responsable de todo lo que sentimos.

Y, sobretodo, las viviremos desde la conciencia de la unidad y la totalidad. La Conciencia eterna y estable – lo que somos – que no es afectada de ninguna manera por ningún tipo de flecha.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Disciplina



“El precio de la disciplina es siempre menor que el dolor del arrepentimiento”
Nido Qubein

La disciplina – de cualquier manera la entendamos – no está muy de moda en nuestra sociedad occidental. La ideología dominante marcada por la tendencia neo-liberal nos quiere convencer que la felicidad y la realización personal van de la mano del sentimiento y de una libertad tan mal entendida que se convierte en esclavitud. Nos quieren convencer que ser felices es hacer lo que se siente, cuando se siente, como se siente. Si compramos algo, mejor. Y si alguien o algo tienen que sufrir, paciencia: asuntos suyos.

Nos quieren convencer y nos convencieron. Pero los frutos no son muy sabrosos: constantemente vemos gente “famosa” que se suicida, que cae en la corrupción o simplemente muy sola y triste. Paralelamente los niveles de estrés y depresión siguen aumentando y así los conflictos sociales.

Parece que la formula ideológica del neoliberalismo no funcione. Pero seguimos en lo mismo. El gran escritor ruso Dostoievski, gran conocedor del corazón humano, había visto bien y su terrible frase nos lo recuerda: “somos adictos a lo que nos destruye”.

La disciplina nos puede venir en ayuda. Es la gran olvidada la disciplina, obedeciendo como siempre a la ley del péndulo: hace unos decenios lo que marcaba las sociedades occidentales y la iglesia también, era una disciplina exagerada, inhumana y estéril. Hoy en día nos fuimos al otro extremo: nada de disciplina, nada de reglas, nada de ascesis. Todo tiene que ser fácil, pronto, disponible desde ya.
Se educan (¿o deseducan?) los niños y los adolescentes sin límites, sin disciplina, sin un mínimo de reglas. Los padres y los educadores no pueden opinar mucho, no sea que te denuncien. Y estos niños y adolescentes crecen frágiles, sin la capacidad psicológica sana de soportar la frustración. Frustración que siempre será parte de la vida y de un camino de crecimiento.
Las sociedades que tenemos son frutos también de esta deseducación.
También la iglesia no sabe educar más a una sana autodisciplina y ascesis: a menudo se imponen reglas morales sin ayudar a una sana comprensión de las mismas y sin acompañar en un proceso auténticamente humano.

Hay que volver a una disciplina bien entendida.
Sin disciplina no hay verdadero crecimiento. Sin disciplina tampoco se puede dar una auténtica experiencia espiritual.
Hay que pagar un precio para la disciplina como nos recuerda la cita de hoy. Crecer supone siempre un costo humano. No se crece sin dolor como nos recuerdan los grandes psicólogos y maestros espirituales. Intentar ahorrarnos – y ahorrar a los demás – el necesario dolor que supone crecer nos llevará a un dolor mayor: el del arrepentimiento. Haremos las cosas mal. Sin la necesaria disciplina nuestras elecciones serán siempre dominadas por la ideología liberal y superficial que no nos llevará muy lejos. Nos llevará, cuando mucho, a una satisfacción inmediata de nuestras necesidades y deseos superficiales.

La disciplina es fundamental por distintas razones. Analicémoslas brevemente:
1)   La disciplina educa a la paciencia y a la espera. Todo madura a su tiempo. Apurar los tiempos es siempre contraproducente.
2)   La disciplina educa a soportar creativamente las frustraciones y desilusiones de la vida.
3)   La disciplina centra a la persona
4)   La disciplina nos conecta con nuestro ser más profundo y estable, más allá de sentimientos y emociones, siempre pasajeras.

Educar a la disciplina es entonces fundamental. En cada ámbito de la vida.
Cada cual tiene que encontrar su forma adecuada de disciplinarse y, si tiene algún tipo de autoridad, de disciplinar.
La disciplina ordena, purifica, prioriza, centra.

A nivel de camino espiritual yo aconsejo la meditación. Meditar es un ejercicio de disciplina maravilloso: horarios, postura, constancia, aridez. Muchos que empiezan a meditar van dejando: tal vez también acá hay un problema de disciplina. Soportar un ejercicio espiritual que no ofrece rápidos frutos no es para todos y no es fácil.
Meditando aprendemos también a disciplinarnos en otras áreas de la vida.
El precio que se paga para una disciplina bien entendida y vivida siempre dará frutos sabrosos: paz interior y lucidez mental.





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