miércoles, 21 de marzo de 2018

Del lado del Arquero





-      Maestro: “¿Cómo puedo evitar las flechas del destino?
-      Ponte del lado del Arquero

Me gustan mucho estos cuentitos cortos, estos aforismos, estos brevísimos diálogos. Son como pinceladas que pueden iluminar repentinamente.
Ocurre a menudo que con textos más largos y conceptuales nos perdamos mientras que un corto dialogo o frase puede hacer brecha en el ruido mental y llegar directamente al corazón y desde ahí activar el poder intuitivo que late en cada uno.
Hay que estar atentos: la intuición es más poderosa y verdadera que lo racional.
Una vez que la intuición capta el mensaje podemos utilizar la mente para intentar comprenderlo racionalmente y transmitirlo.
Es lo que intento hacer con nuestro pequeño dialogo:

-      Maestro: “¿Cómo puedo evitar las flechas del destino?
-      Ponte del lado del Arquero

El discípulo – afuera de la metáfora – está preguntando a su maestro como evitar los golpes de la vida. Nadie quiere evitar lo que le gusta y le hace bien.
La respuesta seca y sabia del maestro pone del revés la pregunta: la única manera de evitar las flechas es convertirse en arquero.
¿Adonde apunta el maestro?

A la perspectiva. A la percepción. A la visión.
El discípulo percibe la vida como algo que le ocurre desde afuera. Se percibe como un ser separado de la vida al cual le ocurren cosas. Y quiere evitar los acontecimientos desagradables.
El maestro lo invita a reubicarse, a ver las cosas de otra manera. A cambiar de lado.
La vida no es algo separado que nos está ocurriendo. Somos esa misma Vida, ese Arquero con la A mayúscula.
Vive la vida” le sugiere el maestro. O mejor: “deja que la Vida te viva”.

En otras palabras: el discípulo está en una visión dualista y el maestro lo invita a pasar a la visión no-dual o de la unicidad.
Es el camino contemplativo, el camino del silencio.
Desde el silencio experimentamos que no hay flechas, sino simplemente Arquero. Divino y único.
Desde el silencio podemos ver que la Vida es Una y que – simple y maravillosamente – somos expresiones de esa Vida. Soy la Vida que se está viviendo en mí.
Desde esta perspectiva, percepción y visión no existen flechas ni destino. Se termina el juego mental – compulsivo e inconsciente – del juzgar, del desear, del rechazar.
Surgen la belleza y la gratuidad: Vida plena manifestándose. Un Arquero enamorado que siempre da en el blanco.

Y… ¿Qué pasa con las flechas?
La experiencia sugiere que las dificultades, los golpes, los límites siguen.
Es cierto y es la experiencia también de todos los sabios, santos e iluminados.
Nadie en el mundo está exente de experimentar las flechas del dolor.
Ponerse del lado del Arquero no significa dejar de experimentar la cuota de dolor que a cada cual le toca.
Pero, viviendo la Vida desde la Vida que somos, todo se transforma radicalmente. Viviremos las flechas – las experiencias de dolor – desde la Paz y el Amor que somos. Las viviremos como expresión también del Amor. Las viviremos como oportunidades para descubrirnos y crecer. Las viviremos sin la angustia que generalmente acompaña a las experiencias del dolor, del límite, del fracaso.
Viviremos las flechas con responsabilidad: ¡no hay nadie disparándolas! No tenemos que culpar a nadie. Somos responsables de nuestras propias flechas, responsable de todo lo que sentimos.

Y, sobretodo, las viviremos desde la conciencia de la unidad y la totalidad. La Conciencia eterna y estable – lo que somos – que no es afectada de ninguna manera por ningún tipo de flecha.



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