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martes, 2 de febrero de 2016

Doctrina, moral y...miedos.




Quisiera compartir con ustedes, amigos y seguidores de El agujero en la flauta unas pistas de reflexión que me parecen esenciales para nuestro caminar y nuestro crecimiento espiritual.
Por lo menos: para mi las han sido.
Hablamos de la relación entre la doctrina, la moral y el miedo.

En la Iglesia sigo notando cierta estrechez mental y espiritual: nos aferramos a doctrinas y moral y nos perdemos la Vida. Hay miedo y el miedo siempre paraliza.
Cada religión tiene armada una estructura doctrinal que mantiene de pie todo su edificio. Por un lado es normal que así sea ya que lo humano necesita estructura y organización.  Por el otro es esencial distinguir la doctrina de la Vida, no por enfrentarlas sino por armonizarlas.  

Profundicemos intentando ser claros y breves (cosa muy difícil).
Para quedar en ámbito católico podemos subrayar los siguientes puntos:

1) La doctrina católica abarca dogmas, tradición, catecismo. ¿De donde viene todo eso? Sin duda de la Palabra de Dios y de la experiencia de fe de muchos cristianos. Todo esto puede ser verdadero pero no hay que dejarse cegar. Tenemos que ser conscientes de los limites. Hasta la Palabra de Dios se expresa en palabras humanas, por tanto limitadas.

2) La experiencia, por maravillosa y transformadora que sea, es siempre subjetiva. No puedo elevar a verdad eterna e inmutable lo que un ser humano limitado experimenta.
Además – con mayor fuerza aún - la expresión misma de la experiencia es limitada y condicionada: un ser humano expresa y codifica su experiencia con las herramientas de lenguaje, culturales y sociales que tiene. Herramientas obviamente limitadas.Los dogmas fueron formulados con las categorías de su tiempo por mentes también limitadas y condicionadas.

Dicho esto nos preguntamos honestamente: ¿cómo puede ser valido para siempre y para todos algo expresado en un tiempo concreto (por ende limitado) por mentes limitadas?
En general se contesta con el criterio de la inspiración: el Espíritu Santo iluminaba. Sin duda que si, pero es un argumento que no convence y que se saca a relucir cuando no se tienen otras respuestas: poco respetuoso del Espíritu. El Espíritu actúa siempre en y a través de la dinámica de la encarnación, es decir en nuestra humanidad concreta.
¿No necesitamos entonces dogmas, doctrina y catecismo? Claro que si, justamente porque somos seres concretos, históricos y limitados.

¿Cómo comprender entonces la doctrina? Podemos vislumbrar tres claves:

  • Simple pista que indica un camino y señala rumbos.
  • A servicio de la Vida y no dueña y controladora de la misma.
  • Necesitada siempre de aggiornamento (actualización) y revisión.

En el fondo estamos tocando el tema de la Verdad. La clave es comprender que no somos nosotros que poseemos la Verdad, sino es la Verdad que nos posee a nosotros. Estamos inmersos en la Verdad y somos expresión limitada de la Verdad ilimitada.
Nuestra comprensión intelectual y nuestro “decir” la Verdad es siempre limitado y condicionado. Nosotros “tocamos” la Verdad desde un punto concreto y “la decimos” desde ahí. Pretender que nuestro “decir” sea total y agote la Verdad es una pretensión inútil, sin fundamento, generadora de conflictos y dolor.

Algo paralelo ocurre con la moral. El rol de la Iglesia a lo largo de la historia fue también el de maestra y guía en la vida moral de los fieles y de la humanidad. Rol muchas veces vivido bien y otras no tan bien.
La Iglesia es maestra en humanidad: me parece una definición muy bella y también acertada. El problema es – como siempre – la absolutización. Cuando la Iglesia se siente dueña de la moral – y de consecuencia – de la conciencia de las personas, empieza a imponer normas de conducta.

La moral, como la doctrina, no es algo estático, algo que vale para siempre y para todos. Lo que puede ser moral en una cultura puede no serlo en otra. Lo que puede ser moral en un tiempo puede no serlo en otro. Los ejemplos pueden ser muchos: la esclavitud, el rol de la mujer, el valor de la vida humana, la poligamia, la sexualidad, etcétera.
A lo largo de la historia de la humanidad el valor y el significado moral de estas dimensiones ha cambiado.
La conciencia de la humanidad se desarrolla. Fundamental comprenderlo.

Otro factor clave subrayado hoy en día por muchos expertos: una norma moral exterior observada simplemente porque impuesta no construye la persona sino queí﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽punto concreto. Estaos, en muchos casos, corta su desarrollo.
La norma moral tiene que ser comprendida interiormente por el sujeto y vivida en libertad y alegría: esto construye a la persona y la hace cada vez más libre.
Esto no significa que - en determinadas etapas del crecimiento humano - no sea necesario orientar la conciencia y, a veces, exigir ciertas normas. Es todo el tema de la educación.
En el fondo hay que educar no imponiendo reglas, sino despertando la capacidad del sujeto de elegir libremente lo que lo construye como persona.

Esta visión produce en muchos un gran miedo. Es el miedo de la inseguridad, el miedo del relativismo. Por eso buscan doctrinas y moral claras y establecidas: más fácil observar que ponerse en juego, más fácil cumplir con reglas que dejarse cuestionar por la vida. El amor autentico es siempre más creativo y exigente.

En el fondo el problema del relativismo que tanto asusta es un falso problema.

Todo es relativo: ¡si! Porque somos relación y todo es relación. La relación es lo absoluto. Que en el fondo es como decir:  lo único Absoluto es el Amor.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La Soledad

"El hombre todavía no ha aprendido a apreciar la belleza de la soledad. La soledad es esencial para tu ser y no hay forma de evitarla"

Osho



Hoy escribo desde La Soledad, en todos los sentidos. 
Desde un lugar hermoso en el campo tacuaremboense llamado La Soledad y desde la soledad espiritual.
Así que la cita de Osho cae en terreno fértil.


¿Dónde radica la belleza de la soledad?

Sin duda radica en la verdad. Soledad y verdad van de la mano. La soledad tiene el gran don de acercarnos a la verdad. En la soledad ya no podemos escaparnos, ya no sabemos a donde ir. 
No hay nadie, no hay nada: estamos solos. Ahí la verdad se asoma, puede asomarse.

La soledad es el permiso que le damos a la verdad para asomarse. 
¿Cual verdad?
Antes que nada la verdad sobre uno mismo y en segundo lugar la verdad sobre las cosas y la realidad en general.


Soledad y silencio van de la mano. El uno invita a lo otro, pacifica y serenamente.
¿Por qué nos cuesta apreciar la belleza de la soledad?
Esencialmente por el mismo motivo por el cual evitamos el silencio: el miedo. Justamente el miedo a la verdad.
Cuando damos los primeros pasos en la soledad descubrimos que toda razón por tener miedo desaparece paulatinamente.
Descubrimos que la verdad sobre nosotros mismos y la realidad es esencialmente maravillosa. La soledad nos define, porque donde no hay nadie ni nada queda lo verdadero: Dios. El Amor. La Vida. Lo que somos.

Y aparece el Milagro: descubrimos que la soledad es habitada. No es que no hay nada: hay todo.






martes, 22 de septiembre de 2015

El pozo y las estrellas

"Cuentan de un filósofo griego, presocrático, que una noche por contemplar el firmamento estrellado, cayó en un pozo. Así ¿quién querría ser filósofo? Sin embargo, es grandiosa la actitud del filósofo saliendo del pozo y volviendo a mirar hacia arriba. Lo que resulta triste es la condición de las gentes que por mirar el suelo que pisan para no caer, se están perdiendo el espectáculo del cielo estrellado"

Consuelo Martín





Interesante y sugerente el cuentito que nuestra reflexión diaria nos propone. 
Esencialmente la cuestión de fondo podría ser: ¿Cual es mi actitud frente a la Vida?
El cuentito nos propone dos actitudes fundamentales: contemplación y miedo.

La actitud contemplativa se aprende. Para eso hay que desaprender muchas cosas y sobre todo volver a la inocencia, la sencillez, el asombro. Contemplar es encontrar la raíz más allá del pensamiento.
Esta actitud contemplativa que se cultiva día a día, que se renueva a cada instante, nos permite vivir la vida con gratuidad y compasión, descubriendo la belleza a cada paso. 
A veces, enamorados por tanta belleza, podemos perder contacto con la realidad o estar confundidos y nos caemos. Entonces humildemente nos volvemos a levantar para contemplar otra vez.

La otra manera de vivir es a partir del miedo. Sabemos que todos nuestros miedos tienen una única raíz: la muerte. La muerte como miedo a perder nuestro "yo": una ilusión, ya que lo que soy no se puede perder. 
Esencial es entonces empezar a enfrentar la muerte desde ya. 
Desde el miedo a la muerte surgen los demás y comunes miedos: a sufrir, a las opiniones y juicios de la gente, a perder nuestra imagen, etc...
Viviendo a partir de nuestros miedos en realidad no vivimos: simplemente sobrevivimos y nos perdemos el encanto de la vida y su belleza. Tal vez no caemos en el pozo pero sin duda no disfrutamos del esplendor de las estrellas.
¿Contemplar o vivir con miedo? Hay que decidir ya. Las dos actitudes son incompatibles. 
Animate: un instante de contemplación vale mil caídas en el pozo.



viernes, 11 de septiembre de 2015

Meditación/4




¿Cuales son las dificultades que encontramos al entrar en la meditación?

Voy nombrando algunas, tal vez las más recurrentes.

1) El torrente compulsivo de pensamientos nos asalta. Parece que cuanto más nos disponemos a la quietud y al silencio más llegan pensamientos de todo tipo. Es normal. Es la manera acostumbrada de funcionar de la mente. No hay que asustarse. Simplemente hay que volver una y otra vez con paciencia y amabilidad a la respiración o al mantra. 
Hay que evitar los dos opuestos: luchar en contra de los pensamientos o seguirles la corriente. Simplemente se observan y se vuelve a la atención consciente de la respiración/mantra.

2) Los mismo suele ocurrir con los sentimientos y emociones. Al entrar en una estado de quietud estamos dando permiso al inconsciente de expresarse y sanarse. Puede que broten emociones ocultas, heridas, etc...
Actuamos como con los pensamientos. Sin juzgar. 

3) Podemos experimentar un estado de impaciencia e irritabilidad. Queremos escapar ya de la meditación. Es también normal. Tomamos conciencia de lo que nos está pasando y volvemos una y otra vez a la atención.

4) Nos puede asaltar especialmente el miedo. Es el normal miedo a lo desconocido y al vacío. Con la meditación entramos en un territorio desconocido para la mente y el ego. Por eso el miedo. Como siempre lo miramos de frente con amor y volvemos a la atención.

Es importante estar hasta el final del tiempo que hemos establecido, aunque nos parezca que estamos perdiendo el tiempo. La meditación es pura gratuidad. No buscamos frutos. Simplemente estamos. En el zen se usa la expresión: "muérete en tu almohada", justamente para expresar que en la meditación en quietud se va dando la muerte del "yo" para descubrir nuestro verdadero ser. Jesús decía lo mismo de esta manera: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará." (Mt 16, 24-25).


sábado, 22 de agosto de 2015

La ilusión del miedo

"No existe ilusión más grande que el miedo"

Lao Tzu





Lao Tzu o Lao Tse es un filosofo chino que vivió 500 años antes de Jesús. Se le considera como el fundador del Taoismo. Es asombroso descubrir la sabiduría que desde siempre vivió en el corazón humano y que algunos supieron descubrir y compartir con todos. 
Lao Tse nos dice que la ilusión más grande es el miedo. Me parece sumamente interesante profundizar en este tema. El miedo está mucho más presente en nuestras vidas y nuestras elecciones de lo que solemos pensar. Fundamentalmente existe un solo miedo: a la muerte. Los demás miedos son despliegue y matices de este único, terrible miedo. ¿Qué es este miedo a la muerte? Es el miedo a la aniquilación, a desaparecer, al no-ser, a la nada, al vacío. 
¿Qué pasaría si nos diéramos cuenta que la muerte misma es ilusión?
En esto hace hincapié nuestro amigo Lao Tse. 
Si me identifico con lo que desaparece, el miedo es inevitable. El cuerpo va a desaparecer, pero no soy mi cuerpo. Mi psique (afectividad, emociones, pensamientos) va a desaparecer, pero no soy eso. 
No soy lo que muere, no puedo serlo. Por eso es tan importante descubrir quién soy.
Lo que va a desaparecer pertenece al tiempo, a la forma, a la manifestación. No a la esencia. La esencia, lo que soy, no nace ni muere. 
Descubierto eso podemos ver que la muerte, en el fondo, es ilusión. Y si la muerte es ilusión, también el miedo. El miedo es la ilusión más grande porque la muerte es la ilusión más grande. 
A un nivel superficial muy probablemente siempre nos acompañará algo de miedo... No ponemos ahí nuestra atención. Es el momento de vivirse desde lo que somos: Uno con Dios, Amor Infinito, Vida divina expresandose momentáneamente aquí y ahora.  Desde ahí no existe muerte, no existe miedo, no existe ilusión. Simplemente Soy.

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