viernes, 11 de septiembre de 2015

Meditación/4




¿Cuales son las dificultades que encontramos al entrar en la meditación?

Voy nombrando algunas, tal vez las más recurrentes.

1) El torrente compulsivo de pensamientos nos asalta. Parece que cuanto más nos disponemos a la quietud y al silencio más llegan pensamientos de todo tipo. Es normal. Es la manera acostumbrada de funcionar de la mente. No hay que asustarse. Simplemente hay que volver una y otra vez con paciencia y amabilidad a la respiración o al mantra. 
Hay que evitar los dos opuestos: luchar en contra de los pensamientos o seguirles la corriente. Simplemente se observan y se vuelve a la atención consciente de la respiración/mantra.

2) Los mismo suele ocurrir con los sentimientos y emociones. Al entrar en una estado de quietud estamos dando permiso al inconsciente de expresarse y sanarse. Puede que broten emociones ocultas, heridas, etc...
Actuamos como con los pensamientos. Sin juzgar. 

3) Podemos experimentar un estado de impaciencia e irritabilidad. Queremos escapar ya de la meditación. Es también normal. Tomamos conciencia de lo que nos está pasando y volvemos una y otra vez a la atención.

4) Nos puede asaltar especialmente el miedo. Es el normal miedo a lo desconocido y al vacío. Con la meditación entramos en un territorio desconocido para la mente y el ego. Por eso el miedo. Como siempre lo miramos de frente con amor y volvemos a la atención.

Es importante estar hasta el final del tiempo que hemos establecido, aunque nos parezca que estamos perdiendo el tiempo. La meditación es pura gratuidad. No buscamos frutos. Simplemente estamos. En el zen se usa la expresión: "muérete en tu almohada", justamente para expresar que en la meditación en quietud se va dando la muerte del "yo" para descubrir nuestro verdadero ser. Jesús decía lo mismo de esta manera: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará." (Mt 16, 24-25).


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