domingo, 13 de septiembre de 2015

Marcos 8, 27-35


Estamos a la mitad del evangelio de Marcos. El evangelio de Marcos es el evangelio del catequista. Marcos nos quiere conducir de la mano a descubrir el misterio de la persona de Jesús. En los primeros 8 capítulos se plantea la pregunta: ¿Quién es este?
A partir del texto de hoy se revela la identidad de Jesús: es el Cristo, el Mesías. 
¿Quién soy yo? nos plantea y nos pregunta Jesús. 
Es una pregunta clave porque la identidad de Jesús tiene que ver con la nuestra. 
Descubriendo quien es Jesús descubrimos quienes somos nosotros y ahondando en nuestra identidad descubrimos a Jesús.
Es lo mismo que decir: el conocimiento de Dios y de uno mismo van de la mano.
Jesús, revelandose a sí mismo nos revela a Dios y nos revela a nosotros mismos. 
Somos Amor, Uno con Dios y Uno con todo lo que es: esta es nuestra más profunda identidad. 
Creciendo en este descubrimiento maravilloso la vida no puede que transformarse en entrega: como fue la vida de Jesús. 
En una bellissima expresión: "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre" (J. Sulivan).
Y Javier Melloni nos advierte: "Jesús es plenamente Dios y hombre, y eso es lo que somos todos. El pecado del cristianismo es el miedo; no nos atrevemos a reconocernos en lo que Jesús nos dijo que éramos".
En el fondo y misteriosamente cada ser humano es Jesús, llamado a descubrirse como Cristo. Cada cual tiene que llegar a oír: "Tu eres mi hijo amado, en ti tengo puesta toda mi predilección" (Mt 3, 17)



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