miércoles, 9 de septiembre de 2015

Meditación/2

Ayer hemos conversado sobre
el significado original y genuino de la meditación: silenciarnos y aquietarnos integralmente.


Damos hoy unos pasos concretos que nos inviten y ayuden a practicar la meditación. 

1) Decidir cuanto tiempo cada día queremos dedicar a la meditación. Es aconsejable empezar con dos sesiones de 10/15 minutos. Si nos parece que dos sesiones no son posibles fijamos una. 

2) Elegir un lugar adecuado para meditar. Posiblemente que sea siempre el mismo. El lugar tiene que ser sencillo, ordenado, limpio, sobrio. Que invite la mente al silencio y al vacío. Un sobrio adorno con flores o fruta puede ayudar: nos traen a la meditación la vida y la creación entera.

3) La posición del cuerpo es fundamental. Lo ideal sería sentarnos en un almohada en el piso con las piernas cruzadas y la espalda recta. En el zen se practica la posición del loto que para nosotros occidentales adultos es muy difícil asumir. ¿Por qué es tan importante esta postura? Antes que nada recordamos que meditamos con todo nuestro ser, también con el cuerpo. La postura del loto tiene tres punto de apoyo: la cola en el almohada y las dos rodillas en el piso. Es la postura más estable, ideal para no dormirnos y al mismo tiempo relajada e ideal también para una correcta respiración. 
Podemos usar una silla o un banquito. Los criterios  fundamentales a mantener son:

  a) mantener la espalda recta
 b) encontrar una posición corporal que nos permita una quietud absoluta por el tiempo de la meditación. 
 c) que el abdomen quede libre y sin tensiones para que la respiración fluya
 d) encontrar el punto exacto de tensión para estar relajados y vigilantes. Que la postura no produzca sueño. 

Cada uno conoce su cuerpo y aprenderá con el ejercicio cual postura le viene mejor. 

Encontrada la postura empezamos formalmente a meditar. ¿Cómo? Mañana seguiremos...
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