sábado, 19 de septiembre de 2015

Sufrimiento y actitud

“El sufrimiento es sí mismo no constituye ninguna cura; sólo nos cura cuando desarrollamos la actitud adecuada hacia el mismo” 

John A. Sanford




En el cristianismo el tema del dolor y del sufrimiento los hemos abordado esencialmente a partir del Misterio de la Cruz de Cristo. La cruz no por nada es el símbolo central de nuestra fe. 
A menudo se ha interpretado mal este Misterio y como consecuencia se ha desarrollado una espiritualidad poca sana y en un algún caso patológica.
El Misterio de la Cruz nos revela únicamente la inmensidad del Amor de Dios a través de la vida de Jesús de Nazaret. Cruz y Resurrección no pueden nunca tomarse por separado. Son el mismo y único Misterio de Amor y no se comprende el uno sin el otro.
La cruz de Jesús y su resurrección nos dicen que una vida entregada vale la pena, que amar hasta el final duele pero engendra vida y sobre todo, que el amor no muere. Nunca. El amor es. Simplemente y bellamente ES.

Dicho en una frase: Dios no quiere que suframos, quiere que amemos, porque el amor es lo que somos.

Entonces comprendemos mejor la distinción entre sufrimiento y dolor y su sentido oculto.
El dolor es parte de esta vida y es parte del crecimiento en el amor: no se crece sin dolor. 
El sufrimiento es cuando al dolor inevitable le agregamos algo más: nuestro egoísmo, nuestra falta de visión y comprensión, nuestros apegos.
El sufrimiento entonces es esencialmente psicológico. No toca nuestra raíz, nuestra esencia. El sufrimiento evitable no nos construye entonces: se puede evitar, se puede disolver. Con la actitud adecuada, nos recuerda Sanford en la cita de hoy.
¿Cual? Amando desde nuestra esencia. Observándolo cómo inútil desde nuestra raíz. Liberandonos de la esclavitud de los apegos y los pensamientos.
Intentemoslo.



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