Eres el amigo: el amigo de Marta y María y el amigo del muerto, Lázaro.
Eres amigo maestro Jesús, amigo del ser humano, amigo y amante.
Amigo de hombres y mujeres, amigo de los niños, los ancianos, los enfermos. Amigo de publicanos y prostitutas, amigos de los justos y los injustos.
Y, antes que nada y por sobre todas las cosas: amigo de la vida. Toda vida te adora y te alaba, amigo Jesús. Toda forma de vida te rinde honor y te canta, comenzando por los lirios del campo y las aves del cielo.
Tu amigo Lázaro está muerto y ya no puedes abrazarlo, ni escuchar su voz. No puedes compartir el pescado a la brasa que tanto te gusta. No puedes conversar con él. Ya no se ríen juntos.
Todo esto te entristece y te conmueve, amante de la vida, que de la Vida viniste, en la Vida viviste, a la Vida volviste y en la Vida vives.
Tu amigo Lázaro debe volver, por lo menos una vez más en esta carne, para que tú lo abrace. Tú sabes que la tumba de Lázaro es la tumba de una vida muerta, una vida encadenada y demasiado solitaria. Lázaro debe volver a una vida viva.
Nos haces volver a todos, en cada instante que amamos y que creemos en el amor.
Nos haces volver, cuando estamos en este eterno ahora, el eterno ahora del Eterno Amor.
Amigo del Eterno Amor: siempre tendiendo la mano para que volvamos a una vida viva, a una vida que es fuente y manantial.
Tu mano tendida que levanta, tu voz firme y tierna que sacude nuestras muertes: y así lo Eterno entra en el tiempo y la carne respira el Espíritu que la habita.
Tú que destruyes los sepulcros, levántanos y respíranos otra vez.
Tu única labor, maestro, es destruir y abrir sepulcros y hacer florecer las tumbas.
Abre las tumbas de nuestros corazones miedosos, egoístas, cerrados.
Tu voz que quiebra los cedros, quiebre nuestra sordera y levante nuestras vidas.
Tu voz y tu mirada de fuego abran los sepulcros de la hipocresía y de la violencia y nos devuelvan un corazón de carne, humilde, tierno y sensible.
Amigo de lo Eterno y de la Vida fecunda, dirige tu mirada compasiva al mundo en llamas.
Tú que estableciste el sacramento de la amistad, abres el corazón de los pueblos para el encuentro y la fiesta. Regálanos el Espíritu, nuestra herencia común: el espíritu de la fraternidad universal, el espíritu que ama la diferencia, el espíritu que abre las puertas y fecunda el amor.
Amigo de la vida y del caminar que dijiste: “Desátenlo para que pueda caminar” (11, 44), danos la audacia y la rebeldía necesarias para desatar nuestras vidas y toda vida que se encuentra atada y enredada.
Tú que celebras el amor y la amistad, derrumba nuestras tendencias a la eficacia y a la productividad. Tú que celebras la amistad por simplemente ser, devuélvenos a la gratuidad.
Amigo y maestro: que nuestra vida sea un canto a la libertad, un canto a la pura amistad y que podamos, como tú, ¡ser amigos de la creación entera!
Así, contigo, celebraremos el amor, celebraremos la fiesta de la vida. Amigo Jesús.

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