sábado, 15 de agosto de 2026

Mateo 15, 21-28


 

Hoy se nos presenta un texto desafiante.

Jesús sale de Israel y se encuentra en territorio extranjero y pagano. Se encuentra con una mujer cananea. El texto paralelo de Marcos (7, 24-30) habla de una mujer sirofenicia.

 

La actitud de Jesús con esta mujer es muy dura, tan dura que nos resulta incomprensible. La mujer lo suplica por la hija, grita, lo llama… ¡y Jesús “hace oídos sordos”! Jesús no responde, sigue su camino.

Este pasaje, simple pero tremendamente contundente, tiene que llamarnos la atención.

 

Estamos acostumbrados – así nos enseñaron – a una imagen casi unilateral de Jesús: bondadoso, misericordioso, paciente.

El evangelio nos muestra también otra cara: duro, firme, intransigente, en ocasiones violento, como cuando echó a los vendedores del templo o cuando arremete contra unos fariseos: “¡Serpientes, raza de víboras!” (Mt 23, 33).  

 

¿Por qué tomamos solo una parte?

Y, obviamente, tomamos la parte que nos conviene…

 

El evangelio, como del resto la vida, debemos tomarlo entero: no podemos quitar las páginas que nos complican, no entendemos y nos cuestionan, como no podemos quitar de la vida su parte oscura y difícil:  es cuestión de autenticidad, respeto y valentía.

 

Jesús no responde a la mujer porque está convencido que su misión va dirigida únicamente a Israel: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (15, 24).

 

Afirma uno de los máximos expertos en el estudio de los evangelios, el biblista e historiador húngaro, Geza Vermes:

 

Se puede tomar como cierto que la actividad del mismo Jesús y de sus discípulos a lo largo de su vida se centraba únicamente en los judíos palestinos, excluyendo a paganos y samaritanos. Incluso en las raras ocasiones en que se aventuró fuera del territorio judío, al distrito de Tiro y Sidón y a la zona de Decápolis más allá del río Jordán, no hay referencias de que ahí enseñara. Ni los Evangelios incluyen ninguna insinuación de que más adelante tuviera intenciones de ampliar su llamada

 

Esta exclusividad de la misión de Jesús está reflejada en otros textos evangélicos.

Los evangelios, por otra parte, presentan dichos que subrayan la universalidad del mensaje y la misión de Jesús… Según Vermes – y otros estudiosos – el dato histórico más fiable es que Jesús se consideraba enviado solo a Israel y fue la iglesia primitiva que entendió la universalidad de su mensaje, especialmente a partir de Pablo. Conviene recordar que muchas de las cartas de Pablo son anteriores a los evangelios: los evangelistas beben del universalismo paulino y lo aplican a sus escritos. El mismo Mateo – la contradicción es más que evidente – termina su evangelio con la famosa invitación del resucitado: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Esta frase resumiría la visión de Pablo, no la de Jesús.

 

Estas contradicciones no son en absoluto un problema, sino una bendición: por un lado, nos muestran la riqueza del evangelio que no puede ser constreñida a una sola visión y, por otro lado, nos revela la dinámica evolutiva y creadora del Espíritu.

El evangelio de Juan, el más tardío y fruto de un desarrollo teológico, reconoce esta dinámica: “Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad” (Jn 16, 13).

Es el Espíritu que fue ampliando las enseñanzas de Jesús y su visión. Es el Espíritu que derrumbó los confines de Israel y derrumba nuestros confines actuales y nuestros muros.

 

Esta mujer extranjera, con su insistencia y su fe, su amor por la hija, su deseo ardiente, fue instrumento del Espíritu para que Jesús pudiera comenzar a ver más ampliamente y cuestionara su misión.

 

Aunque la respuesta inicial de Jesús suena dura e insensible, muchos comentaristas bíblicos recuerdan que la respuesta de la mujer tiene un toque de humor y astucia“también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños” –. Jesús se deja desarmar no solo por el sufrimiento de ella, sino por su agudeza. Es una verdadera “contienda” de sabiduría donde ella, ingeniosamente, gana la discusión.

Jesús reconoce esta fe y este deseo y cambia de opinión: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada” (15, 28).

 

Solo los sabios, saben cambiar de opinión. Solo los verdaderos maestros saben cambiar de opinión. Solo los seres humanos humildes, cambian de opinión.

 

La confianza ciega de esta mujer y su ardiente deseo transforman la realidad: Jesús cambia de perspectiva y su hija queda curada.

 

Confianza y deseo son las claves de la vida espiritual, del camino contemplativo y de la vida mística.

 

¿Cómo va tu confianza?

¿Cómo va tu deseo?

 

Confianza y deseo se pueden entrenar, se pueden desarrollar.

La confianza nos permite vivir una vida sin miedos, una vida libre, apasionada.

El deseo nos conecta con la sed de Infinito que somos y que nos habita. El deseo nos mantiene constantemente en movimiento, en búsqueda, en crecimiento, abiertos y enamorados.

 

El Espíritu nos ilumine y nos sostenga.

El Espíritu nos ayude a edificar nuestra vida sobre las hermosas columnas de la confianza y del deseo.

 

 

 

 

 

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