lunes, 8 de mayo de 2017

Carta abierta a Maduro





Señor Maduro,

aunque es muy probable que no lea esta carta, igual le escribo. Es una manera de llevar a Venezuela en el corazón y rezar por todo el pueblo venezolano. Además todo está interconectado como usted sabrá y por eso nada que se haga desde el amor se pierde.
Por último mi escribir es una manera de exteriorizar el dolor que me provoca la situación de su hermoso país.
Señor Maduro: no me atrevo a llamarle “presidente”. No es una falta de respeto, es fidelidad a mi conciencia. Un presidente “preside” una comunidad o un grupo: está a servicio del bien común y del desarrollo de cada individuo. Usted hace tiempo dejó de presidir. Muchos le dicen “dictador” y por lo que veo y oigo es un adjetivo bien puesto.
En realidad desde los tiempos de su finado predecesor mi escaso olfato político iba detectando olor a dictadura.
No me defina “terrorista de derecha” como acostumbra a etiquetar a los que no comparten su ideología.
Soy un simple sacerdote misionero. Me intereso de política porque me interesa el ser humano. En realidad todo me interesa porque en todo descubro rasgos y rastros de la Vida o de Dios, como usted prefiera.
Hace poco publicó fotos de su Primera Comunión: algo de catequesis habrá hecho. No dio mucho fruto al parecer.
Me interesa cada ser viviente y respiro para que mi entorno viva feliz, con dignidad y alegría.
Creo que la misión de los políticos y los gobernantes tenga mucho que ver con el sacerdocio: ser buenos pastores.
Hace tiempo que usted dejó de ser buen pastor. Un buen pastor da la vida por el pueblo: usted la está quitando, de mil maneras.
¿Qué le pasó señor Maduro? ¿Puede usted dormir por las noches?
No es fácil entenderle. No es fácil entender a los dictadores.
A mi parecer los posibles caminos de compresión son esencialmente dos: enfermedad o cinismo. En el fondo estamos en los mismo porque el cinismo es también enfermedad.
Cuando usted en nombre de una ideología reprime, destruye y mata, algún trastorno mental debe haber. Sería aconsejable ir a consultar un psiquiatra o un psicólogo de su confianza. No es un signo de debilidad, es un signo de fortaleza y humildad. Yo fui también y me ayudó a crecer. Anímese.
Es muy probable que la casi totalidad de los psicólogos del mundo le detecten una falta brutal de autoestima. Quizás su infancia no fue muy feliz. Usted no se quiere señor Maduro y busca tapar esta terrible sensación de vacío con el poder. Se puede sanar la autoestima, se puede aprender a respetarse y quererse. En el fondo, muy en el fondo, usted es una obra de arte, como cada ser humano: para sanar tiene que descubrirlo.
Pasamos al cinismo, la cara más terrible del fanatismo. Usted se define socialista y revolucionario. Simón Bolívar que usted tanto cita se estará dando vuelta en la tumba al ver su actuar. Cada tanto me hago daño (también tengo que crecer en la autoestima) y miro algunos de sus discursos y video en twitter. Sinceramente me revuelven el estomago.
No sé si se da cuenta de la hipocresía que trasuda cada una de sus palabras. Si no se da cuenta su enfermedad es realmente muy grave. Si se da cuenta su cinismo es terrible.
También puede consolarse: no está usted solo. La historia nos regaló y nos regala cada tanto dictadores de su estatus. Le nombro al pasar al dictador de Corea del norte: esta carta podría dirigirse a él solo cambiando el apellido del destinatario.
Usted sigue repitiendo y nombrando el socialismo, el pueblo, la revolución. Me intriga descubrir la conexión que hay entre los dictadores comunistas y la hipocresía. Me atrevo a decir que todos los dictadores comunistas y su entorno llevaban una doble vida y una doble moral: una vez derrocados se le descubrieron fortunas insospechadas para cualquier sucio capitalista. No me sorprendería que una vez derrocado le descubran también a usted gordas cuentas bancarias en algún banco cómplice. Fruto de la corrupción y del narcotráfico por supuesto. Sí, lamento decirle que lo van a derrocar. Una vez que la chispa de la libertad y la dignidad se despierta nada la detiene. Apúrese al trabajo interior: le queda poco.
¿Qué es lo que no funciona dejando un momento de lado su trastorno mental?
Sencillo: la ideología y la creencia que su manera de interpretar la ideología es la única y la mejor.
Las ideologías no llevan por buen camino. Si señor Maduro. La ideología es un cáncer mental que destruye y mata por autodefenderse e imponerse. La vida, la vida real y concreta, no es ideología. A su gente no le interesa la ideología socialista: le interesa comer y vivir en paz.
La igualdad y la libertad no hay que teorizarlas: se viven antes que nada y, en cualquier caso, se teorizan después. El precio del fanatismo ideológico es engendrar situaciones opuestas a lo que se predica: como está sucediendo en su país. Usted es esclavo de su misma ideología. Y peor aún: está convencido que su manera de interpretar el socialismo es la única y mejor. Terrible ceguera. Si el socialismo propone igualdad de oportunidades y pensamientos ¿porque no deja que todos opinen y que se vote libremente?
Le aseguro que el presidente Trump no me pagó para escribir esta carta. No comparto tampoco la ideología capitalista. No comparto ninguna ideología. Tampoco la evangélica: haber hecho del evangelio una ideología ha llevado a la iglesia y a los cristianos a terribles incoherencias. En nombre del Dios del amor hemos también matado y condenado.
Jesús no fue ideólogo, tampoco Buda. Ningún sabio fue ideólogo. Jesús fue hombre real y concreto, enamorado de la vida, de cada ser humano, del rostro de niños y mujeres. Hombre enamorado y cercano a los pobres y a los que sufren.
Enamórese señor Maduro. Se lo ruego. De usted mismo antes que nada. De su pueblo después.
Solo el amor es la solución. Solo el amor devolverá paz a su corazón y a su pueblo.
Con respeto, P. Stefano Cartabia OMI




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