En estos últimos días, debido a la votación sobre
la instalación o menos de una imagen de la Virgen María en la rambla de
Montevideo, se volvió a caldear el ambiente y los debates, especialmente en las
redes sociales.
Comparto mi sentir y mi visión esperando pueda
iluminar un poco.
Personalmente lo vivo como un tema menor: la vida tan maravillosa e intensa
me lleva a ocupar mi tiempo en otras y más provechosas realidades como, por
ejemplo, oler la tierra húmeda después de la lluvia.
Igual es importante considerar también estos
acontecimientos menores. A veces.
¿Dónde radica el centro de la cuestión que tantos
debates y enfrentamientos provoca?
A mi parecer en el tema de la identidad.
Tema central sin duda. Tema donde necesitamos
crecer en compresión.
Confundimos la identidad con el pensamiento: acá
el problema.
Los católicos ponemos nuestra identidad en unas
creencias mentales y los legisladores del Frente Amplio ponen su identidad en
otras creencias mentales. Sin darnos cuentas, obviamente.
A nivel mental, a nivel de pensamiento, a nivel de
conceptos una profunda y verdadera comunicación es prácticamente imposible.
Cada cual defiende su postura. Por eso no nos entendemos. El nivel mental no
conoce la verdadera comunión.
El ego siempre busca seguridad en la identidad.
Por eso se identifica con posturas mentales y pensamientos. Es justamente la
identificación con una afirmación positiva de la mente la que nos lleva por mal
camino.
¿Cómo saber que estamos confundiendo nuestra “autentica
identidad” con identidades secundarias e ilusorias?
Por la parcialidad
y la separación. Cuando percibo que
mi supuesta identidad me separa de los demás, cuando percibo que lo distinto
prima sobre lo común, estoy percibiendo mal. Estoy confundido. Es el ego que
quiere afirmarse, y el ego religioso es más poderoso aún, porque se sirve de la
idea de Dios para autoafirmarse y justificarse.
Nuestra profunda y verdadera identidad es universal,
compartida y común. Hablar de la Vida, sin dejarse atrapar por el concepto,
puede ayudar.
Los ediles frentistas y los católico estamos vivos, participamos de la única
Vida. Todos respiramos, a todos la vida nos es regalada en este preciso
momento. Esta es la percepción que hay que desarrollar.
Nuestra autentica identidad no se encuentra a
nivel de la mente.
¿Qué es lo común a los legisladores del frente y a
los católicos? Eso hay que buscar y vivir. Lo demás es secundario y vendrá a
enriquecer y matizar la auténtica identidad.
¿Si antes de debatir nos hubiéramos sentado en
silencio y después hubiéramos compartido un lindo asadito (eso sí, con algún
vegetal para los espíritus vegetarianos)?
Si los parlamentos y todos los grupos humanos tomaran
la costumbre de meditar y compartir una comida antes de debatir tal vez todo
fluiría mejor.
El silencio nos lleva de la mano a la autentica
identidad. Así el comer juntos.
En el silencio nos encontramos. Todos.
Sin silencio nuestros defender supuestas identidades
desemboca en posturas rígidas y fanatismos.
Creer que “ser” del frente o “ser” católico defina
una identidad es un grave error. La identidad está más allá de cualquier
definición y etiqueta. Eso hay que buscar y de eso hay que vivir. A partir de
ahí se puede dialogar con serenidad y alegría. Y las diferencias se convierten
en riqueza.
En realidad se puede notar en algún sector de la
sociedad cierto clima hostil a la iglesia y a lo católico. Desde el silencio
este sector podría darse cuenta que una imagen de la Virgen María no trastorna
existencialmente la vida de los espíritus agnósticos o ateos.
¿Por qué le tienen miedo a una imagen? Pueden
pasar de largo sin ni siquiera mirarla y seguir felices con su agnosticismo.
¿Cuál es la raíz de su miedo y su rigidez?
Podrían también darse cuenta del rol de la iglesia
en la sociedad uruguaya y especialmente en la capital. La institución iglesia
llegó y llega donde el Estado a menudo falla o está ausente: salud y educación.
La iglesia mantuvo y mantiene hospitales, caif y colegios y especialmente en
zonas carenciadas.
¿Por qué no cuestionan esta presencia que es más
real que una imagen?
Sospecho el motivo: le sirve.
Los católicos, también desde el silencio, haríamos
bien en preguntarnos: ¿por qué tanto afán en intentar colocar una imagen?
¿No nos alcanzan las que tenemos y las que cada
cual puede colocar en su patio o en su casa?
¿Qué nos daría más de lo que somos? Tal vez poder
decir: “¡Los católicos tenemos una enorme
estatua de la Virgen en la rambla!”. ¿Esta es fe?
Tal vez falla una autentica experiencia de Dios y,
en este caso, de María.
Si desde el silencio percibo la unidad que todo
sostiene, percibo la única Vida, puedo también percibir una presencia de María
más real y tierna que la de una estatua: con todo que el arte me encanta.
María es lo mejor de vos. María no está afuera.
Nada está afuera. Todo surge desde adentro. María es tu centro inmaculado, tus
deseos de amor más puros. Tu belleza escondida. Descúbrela y disfrútala.
Cuando nos centramos en lo invisible, lo visible
puede estar o no: no nos quita la paz y alegría.
Personalmente descubro el rostro y la presencia de
María en cada mujer. Descubro y disfruto a María en cada mamá, su atención, su
ternura, su cariño. Disfruto a María en el rostro sonriente de cada niña,
adolescente y joven.
Disfruto a María en la amistad y el amor de mis
amigas.
Descubro a María cuando soy María. Cuando mi amor
es gratuito, puro, virgen.
Si esto se expresa en una imagen bien. Sino, bien
igual.
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