viernes, 1 de septiembre de 2017

Horror a las verdades


Tengo horror de todas las verdades absolutas, de sus aplicaciones totales, de sus supuestos detentores de todas razas. Tomen una verdad, llévenla con cuidado a la altura humana, miren a quien golpea, a quien mata, lo que ahorra, lo que elimina, huélanla mucho, asegúrense que no hieda a cadáver, pruébenla manteniéndola un poco sobre la lengua, pero estén prontos a escupirla inmediatamente.
El hombre libre es esto: el derecho de escupir.
Albert Camus

Desde Italia vuelvo a publicar en nuestro blog: una flauta no puede quedar mucho tiempo sin uso. Se oxidaría. Así un escritor o un poeta.
La llaman “vacaciones”: en realidad es un cambio de aire, un cambio de lugar físico. La realidad es que estamos siempre en casa ya que nuestra casa es el momento presente y la vida no conoce vacaciones: la vida es vida. Simplemente tiene sus ritmos y melodías distintas. Los humanos inventamos “vacaciones” porque no sabemos vivir.
En fin: sigo atento a la vida. Asombrado, enamorado y agradecido.
Y la vida me puso delante este texto de Albert Camus que voy a comentar brevemente. Ya citamos a Camus en nuestro blog: novelista francés nacido en Argelia (1913-1960). Un ser humano auténtico, libre, atento al sufrimiento de la humanidad.

Camus nos invita a evaluar nuestras supuestas verdades justamente con la vida. Lo que Camus llama “verdades absolutas” son las famosas creencias.
Verdades absolutas o creencias establecen la terrible conexión entre pensamiento y verdad: otorgamos a un pensamiento, una opinión o una idea el estatus de verdad. Desde ahí toda aberración es posible como demuestra y está demostrando la historia de la humanidad.
Como dice André Maurois: “Solo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa”.
Las creencias afectan a todo ser humano. Es difícil liberarse de las creencias, porque ellas construyen nuestra realidad y con ella nuestro sentido de identidad. Como afirma Richard Bandler: “Tus creencias no están hechas de realidades. Es tu realidad que está hecha de creencias.
Tal vez el primer paso es observarlas y reconocerlas.

La Verdad que tanto los humanos buscamos y por la cual estamos dispuestos a matar y generar el sufrimiento del otro es inaprensible e indecible.
¿Cómo podemos ser tan arrogantes de afirmar que un pensamiento o una opinión que surge de una mente humana limitada y condicionada puede ser una verdad absoluta, valida para todos y para siempre?
Las creencias pueden servirnos como pistas y orientación en la vida. A veces las necesitamos para movernos en el mundo.
Las creencias son validas y oportunas cuando surgen desde nuestro ser esencial. Ser esencial que está más allá de la mente.

La prueba de su conexión con el ser esencial es bastante simple. La podemos evaluar con tres criterios:
1)   Alegría y paz. Una creencia que surge desde el ser siempre generará alegría y paz en uno mismo y en su entorno.
2)   Amor. Una creencia que surge desde el ser siempre generará un crecimiento en el amor. Hacia uno mismo y hacia los demás.

3)   Respeto radical del otro. Una creencia que surge desde el ser siempre respetará las creencias del otro. Y siempre aceptará al otro a pesar de rechazar sus creencias.

Resumiendo: las creencias que surgen desde nuestro ser esencial me hacen más humano y humanizan a mi entorno.

Cuando esto no se da tengo el derecho de escupir: mis propias creencias y las de los demás.
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