domingo, 20 de mayo de 2018

Juan 20, 19-23



Pentecostés: fiesta del Espíritu. Fiesta del Aliento: “Sopló sobre ellos” (Jn 20, 22).
El Aliento de Jesús es el mismo Aliento de la creación: “el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gen 1, 1). El mismo Aliento que Jesús entregó antes de morir: “entregó su espíritu” (Jn 19, 30).

Dios es el Aliento de todos los alientos” indican sigilosamente los místicos.
El Espíritu y el Aliento apuntan a nuestra esencia, al Amor que somos, al Amor que todo lo llena.
El Espíritu de Pentecostés es el Espíritu que nos sacude, que destrona los miedos, que impulsa el amor, que destila creatividad.
Amor y miedo son incompatibles, como amor y esclavitud.
Libera el Espíritu, libera para el amor, libera para amar.
No se ve al Espíritu, como no se ve el Aliento.
Se puede sentir, se puede intuir y percibir. Se puede sugerir.
Libres de deseos y necesidades, el Espíritu se deja rozar y se deja intuir… si intentas detenerlo o atraparlo, lo perderás.
Hay que acostumbrarse a la invisibilidad del Espíritu y del Aliento: es más real lo invisible, más libre y universal.

Fluye el Espíritu por nuestras venas y fluye por las venas de le iglesia, sacudiendo y renovando. Fluye el Aliento por los silencios budistas y las incoherencias humanas. Fluye sereno en la búsquedas de peregrinos y ateos, del hombre sufriente y del creyente. Fluye el Aliento en el barro y en la sangre de nuestros egoísmos y violencias. Fluye también en el vuelo de los pájaros y en rugir de los leones. Fluye libre en la savia de los árboles y en las imponentes montañas. Fluye en las profundidades ocultas de los bosques. Fluye sin miedo y sin duda: Presencia presente, también en la ausencia. Presencia que nos recrea a cada instante.
Fluye y busca nuestra frágil carne para expresarse.
Es Calma y Poder el Aliento del Cristo.
Serena tu mente, serena tu corazón: está ahí.
Es tu misma esencia.
Silencio.
Escucha. Escucha.
Respiro y en mi respirar me descubro amado y logro ver el Amor inundando el Universo.
El Espíritu del Cristo es tu mismo Aliento.
Escondido y humilde el Espíritu reposa luminoso y activo en el centro de tu ser.
El Aliento del Cristo te respira y es la Vida de tu vida.

En palabras de San Agustín:
"Ama tu vida.
Tu vida es Dios,
tu vida es Cristo,
tu vida es el Espíritu Santo" (Discursos 161, 7).






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