viernes, 10 de junio de 2016

La luna y yo


Despertar por fin y ser lo que siempre hemos sido,
vivir de la luz que nos constituye
y ser el amor que somos.


Miro la luna y puedo sentirme uno con ella.
Ya no sé con claridad si soy luna o soy yo,
si yo reflejo a ella o ella me refleja.
Puedo sentirla respirar y captar sus pensamientos.
Paz profunda mi amada luna.

Puedo sentirme uno con el Universo
desde que el Amor me abrazó,
porque no hay más que amor,
no hay más que Uno
y todo en lo Uno se concentra.

Puedo perderme en una flor y llamarme en ella,
puedo sentir sus emociones
y su alegría cuando la miro.
No sé si soy yo o soy flor:
asombroso Misterio.

Veo niños sonreír y autos pasar
y yo sonrío y paso.
Siento el aire en mi cara y soy también el aire.
Los arboles me hablan desde su bella quietud y me pierdo en ellos,
o tal vez en ellos me encuentro.
Soy árbol también y árbol enamorado.
Crecen mis raíces y mis ramas llegan al cielo.
Respiro con los árboles y ellos me respiran,
una y otra vez.

Y vuelo libre con los pájaros,
llenos de colores y de visión;
nos entendemos y juntos cantamos.
Paz profunda y bellísima, amados habitantes de los cielos.

Me pierdo en todo y en todo me reencuentro,
nuevamente yo, más uno y más todo.



miércoles, 8 de junio de 2016

Detalle y conjunto

Juntando los pétalos no se aferra la belleza de la flor

Proverbio Zen



Este proverbio zen es de una belleza y sabiduría excepcional.
Nos habla del detalle y el conjunto, de la parte y el todo. ¿De dónde vienen la armonía y la belleza? ¿Del detalle o del conjunto? De lo uno y de lo otro y de ninguno de los dos.
Está es la paradoja de la belleza y de la armonía y, en el fondo, la paradoja del amor y del ser humano.

La belleza viene de una conexión invisible y única entre las partes y el todo, conexión que no es manipulable en ningún caso por el ser humano y menos por su afán de posesión y su egoísmo compulsivo.
Intentar construir belleza en sentido estricto, es inútil. La belleza ya está y no depende de nosotros. Solo hay que descubrirla y darle visibilidad: ser cauce de belleza.

La mente solo conoce separando y fragmentando y quiere aprovechar de esta capacidad para poseer lo conocido. Podemos analizar los pétalos o podemos analizar la flor, pero su belleza y armonía surge gratuitamente de esta íntima conexión entre los pétalos y la flor en su conjunto: los pétalos son pétalos y la flor es mucho más que el conjunto de sus pétalos.

Trasladando esta hermosa imagen a nuestra vida nos podemos de la misma manera preguntar: ¿de dónde surge la belleza y la armonía de nuestra vida?
¿De los detalles que la componen o de su conjunto? Solo podemos contestar de la misma manera a la cual hemos respondido por la belleza de la flor: de lo uno y de lo otro y de ninguno de los dos.

Los detalles de nuestras vidas son fundamentales, hasta los detalles más insignificantes. Por eso hay que cuidarlos bien y vivir con plena conciencia cada cosa. Pero el amor que crea belleza no está en el detalle: el detalle pasará, como todo.
Toda nuestra vida es fundamental, con sus opciones claves, su historia y sus decisiones importantes. Pero el amor que crea belleza no está en eso: también eso pasará.

El amor que la belleza y la armonía expresan es la íntima, única y secreta conexión entre todo eso: entre detalles y conjunto, parte y todo. Eso no pasará. Porque eso es lo que eres, es lo que somos. Es Dios: manifestándose como pétalo y como flor.


domingo, 5 de junio de 2016

Lucas 7, 11-17




El evangelio de hoy nos presenta a Jesús como fuente de vida. Lo que Jesús “toca” vive.
Este es el mensaje central de nuestra fe cristiana: nuestro Dios es vida, vida plena, vida para todos. Jesús vino a revelarnos este rostro de Dios.
Dios es Vida y la Vida es Dios: podemos tranquilamente hacer esta equivalencia.

El acontecimiento de Naim está lleno de detalles hermosos en los cuales Lucas intenta transmitirnos esta imagen de Jesús Vida.
No hay que quedarse en la búsqueda compulsiva de una historicidad que nunca podremos verificar con certeza. Hay que dejarse penetrar por el evangelio más allá del texto escrito y dejar que nos comunique toda su vida y sabiduría para nuestra vida hoy, aquí y ahora.

Hay muchos otros relatos de resurrecciones, sea de Lucas sea de otros autores anteriores y contemporáneos del evangelista. El ser humano tiene un anhelo invencible e indestructible de vida: en este anhelo muchos rastrean el llamado escondido y delicado de Dios. También podríamos identificar este anhelo de vida como la misma Presencia de Dios en nosotros. ¡Fantástico!

Disfrutemos de unos detalles del texto:
La mujer viuda pierde también a su hijo único: imagen de la total soledad y desolación. Más allá de que la mujer queda totalmente desamparada,  su corazón está roto. No puede haber muerte más terrible que la soledad del corazón. ¿Cuántos seres humanos viven hoy este experiencia?
Jesús nota esta mujer. Jesús está atento, siempre atento. Especialmente al dolor humano. Y se conmueve. La compasión es uno de los rasgos más tiernos del amor. La compasión es la manera divina de amar: un amor que se hace pequeño con el que sufre, un amor que sabe comprender el dolor del otro.
La compasión va de la mano de la comprensión: esto es fundamental. Si no comprendo el dolor del otro no podrá brotar la compasión. Jesús comprende el dolor de esta mujer, experimenta en su corazón el mismo dolor de la mujer. Por eso brota la compasión y por eso brota la vida. La compasión siempre devuelve la vida.

Es importante detenernos en nuestra vida para comprender al otro, comprender su dolor hasta el fondo: solo así lo podremos amar correctamente, solo así le podremos devolver la vida.
Jesús toca el muerto: la compasión no le tiene miedo a la muerte. La compasión sabe que todo es vida y que la vida siempre tiene la última palabra.  Por eso las palabras fuertes y clara del Maestro: “te lo ordeno, levántate”.

El amor no tiene miedo: amor y temor son incompatibles. Solo el amor nos da seguridad y autoridad. Quien vive desde el amor y en el amor aprende a manejar las distintas muertes de la vida con serenidad y paz, porque sabe que la muerte es otra manifestación de lo Uno y único: la Vida. Dios.


miércoles, 1 de junio de 2016

Compasión y plenitud

¡Queridos amigos y seguidores de El agujero en la flauta

¡Paz y alegría a su ser!

Hace pocos días terminamos la tarjeta de invitación para la presentación de mi segundo libro y por eso en la reflexión de hoy quiero compartirles algo del camino que me llevó a escribir “Compasión y plenitud. La mirada transformará el mundo”.


Amo el silencio y amo escribir: parece contradictorio, pero es una expresión más de lo paradójico del ser humano. La paradoja nos constituye esencialmente y aprender a vivirla y manejarla nos hace más tolerantes y más sabios. Y sobretodo nos brinda una enorme y hermosa paz. Paz que supera todo lo que podemos imaginar, como también afirma Pablo en la carta a los filipenses (4,7).

Amo el silencio y, en realidad, las palabras que escribo salen de ahí. Hay una prioridad existencial y lógica del silencio sobre la palabra. El silencio viene antes y existe antes: palabras de vida solo brotan desde ahí.
Por eso hay que estar atentos, sumamente atentos. Tuve que estar atento, atento a la intuición que brota del silencio en cualquier momento, momento esperado o inesperado.

Así se gestó "Compasión y plenitud": así vio la luz. No fue un trabajo racional, aunque obviamente tuve que recurrir a la razón para dar forma a la intuición.
Eso me pareció y me parece clave: usar con docilidad la razón para dar forma al silencio, a lo intuitivo, a la inspiración. Acto creativo, propio de Dios. Y “Dios nos creó creadores” dijo una vez el filósofo francés Henri Bergson.
Eso es para mi escribir. Solo así tiene sentido, solo así es verdaderamente experiencia de Dios. Solo así es camino de humanización y plenitud.

Todo esto lo podría también expresar de esa manera: el libro se escribió solo. Simplemente intenté ser cauce. Y justamente la imagen del cauce abre la obra y la acompaña en su largo recorrido. Como primaveral mariposa.

Compasión y plenitud” intenta expresar una intuición espiritual que me es regalada constantemente y que alimenta mi vida: solo existe el Amor que se expresa en infinidades de formas. Vivir es al arte de dejar ser al Amor: quitarse del medio para que el Amor se exprese plenamente en mí, en tí, en cada uno y cada cosa. Ser cauce. Y en el fondo ser cauce es aprender a no-ser para que solo el Amor sea. Paradoja otra vez.

Así que por un lado solo el silencio es digno de ser dicho y por el otro la palabra que dice el silencio hay que decirla. Se vive entre amores, se vive entre luces. El momento elegirá.
Escribir es entonces como parir: cada palabra nace del silencio y cuando una palabra rompe el silencio y está dicha, el dolor inevitable del parto es absorbido por la luz de una nueva vida.
Muerte y resurrección: el Misterio central del cristianismo, la Pascua, se revela en todo. Todo está configurado de manera pascual y el escribir no podía escaparse a esta ley de carne y sangre.

Muere el silencio por un instante y brota la palabra. Muere la palabra cuando es comprendida correctamente y vuelve al silencio.
"Compasión y plenitud" intenta expresar eso: la vida es amor que va y viene. Vacío y plenitud. Esa es su belleza infinita: una belleza tan bella que solo el silencio sabe expresar.

De ahí surge la mirada nueva, mirada que sugiero a mis lectores. Una mirada amante que solo y sencillamente intenta descubrir la Casa común donde desde siempre habitamos, todos y sin distinciones: pobres y ricos, santos y pecadores, cristianos, ateos, budistas, hinduistas, musulmanes, opresores y oprimidos, libres y presos, alegres y tristes, famosos y anónimos. 

Estamos en Casa, siempre lo estuvimos. Todos. Podemos disfrutar con total libertad. Es la única Casa, la Casa del amor, la Casa de la Paz, la Casa del alegría.

Estamos en Casa: así termina "Compasión y plenitud". Así empieza este instante.









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