miércoles, 6 de julio de 2016

Respirar al Amor




Hace unos días terminamos la misión de Agraciada, un lindo pueblito a pocos kilómetros de Nueva Palmira que une dos departamentos: Colonia y Soriano. Una semana de misión, segunda etapa de un camino de tres años con los cuales los oblatos en Uruguay realizan las misiones populares.

¿Qué me dejó la vivencia de esta misión?
Antes que nada la convicción que toda la vida y toda vida es misión. Cada vida humana es misión, es decir realización de un proyecto, de una vocación. Manifestación única de lo Único.

La vivencia del aspecto misionero de la iglesia no es algo añadido a la vocación cristiana, sino algo normal y cotidiano. El caminar físico yendo a golpear de puerta en puerta, subraya otro caminar más profundo: el caminar interior hacia el descubrimiento de nuestra identidad y desde ahí la vivencia de nuestra originalidad. Es un caminar desde el amor, en el amor, hacia el amor. En el fondo no nos movemos. Simplemente somos.

Cada vida humana es única y original: este es el sentido de la misión. Descubrir y vivir nuestra propia unicidad a partir de lo Uno y Único: el Amor.

Respirar al Amor: me parece que esta expresión resume cabalmente mi experiencia de misión, en esta hermosa semana en Agraciada y en toda mi vida misionera.
Misionar en el fondo es respirar al Amor, porque misionar es vivir la vida con radicalidad, con totalidad.
Misionar es una fundamental apertura a la vida. Misionar es una radical y original apertura a la vida, aquí y ahora.
Misionar es darse cuenta de la Presencia del Amor, una Presencia tan inmediata y constante que solo se puede comparar con la respiración.

En la puerta que se abre se respira al Amor, en la sonrisa que nos recibe y en la cara de desconcierto y miedo también. En cada caminar y en cada encuentro se respira al Amor.
En cada gesto de cariño y de ternura se respira al Amor: cuantos gestos de amor en esta misión, como en la vida cotidiana. Basta verlos, respirarlos.

La cama tendida, el mate ofrecido, el beso de la mañana, el plato de comida, la mirada atenta, la silla alcanzada, la sonrisa que te espera, el correr de los niños, la conversación fraterna y profunda, la apertura del corazón, las lágrimas regaladas, la oración y el silencio compartidos.
Por no hablar de los gestos de la naturaleza: los limoneros recibiéndote, el canto de los pájaros, el cielo nublado y el caer de la lluvia, la paz de los árboles, el frío penetrante, los colores del invierno.
En todo se respira al Amor porque en todo se expresa la Vida.

En cada paso se puede misionar, porque en cada paso se respira al Amor. Por eso que misión es también, y sobre todo, agradecimiento. En el fondo misionar es un acto de gratitud.
Misión es vivir. Vivir es misión. Vivir con tal intensidad que en cada respirar respiramos al Amor.
Misión es vivir con sencillez y radicalidad cada instante de nuestra vida, dando y recibiendo.
Dar y recibir que subrayan el flujo normal y constante de la vida. Como nuestro respirar: inhalamos para exhalar y exhalamos para inhalar.

Tan sencilla la vida y tan profunda que tenemos su secreto tan cerca nuestro, tan uno con nosotros: nuestro respirar.
Dios es el aliento de todos los alientos” dicen muchos maestros espirituales.
Es así, sin duda. En nuestro respirar Cristo respira y en cada respiración inhalamos a Cristo y exhalamos a Cristo.
Misión: respirar al Amor.
Buena misión. Buena vida.





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