sábado, 22 de abril de 2017

Juan 20, 19-31



En este segundo domingo de Pascua la liturgia nos presenta este texto: hermoso y famoso.

Juan es un maestro – lo hemos dicho varias veces – en construir relatos que unen la dimensión histórica con la simbólica y la espiritual. Nos conduce de la mano en un proceso de auténtica fe.

Temas claves del texto de hoy son: el miedo, la paz, la misión, la presencia.

Los discípulos están con las puertas cerradas: el miedo siempre cierra y entristece. El opuesto del amor no es el odio como muchas veces se cree: es el miedo. Es el miedo lo que nos impide amar y descubrirnos “amor”. Como dice este hermoso cuentito:
¿Qué es el Amor? -  preguntó el discípulo. La ausencia total de miedo - dijo el maestro. ¿Y qué es a lo que tenemos miedo? - volvió a preguntar el discípulo. Al Amor - respondió el maestro.

La paz es el don por excelencia, porque es lo que somos. El Resucitado regala paz, la Presencia es paz. Viviendo en el amor y superando los miedos nos encontramos con la paz auténtica. La paz auténtica y duradera nace siempre desde adentro y se edifica afuera. Nuestro mundo no conoce la auténtica paz porque nuestro corazón no conoce la paz. Reconciliarse consigo mismo, con nuestras propias heridas y nuestros miedos es esencial para descubrir la paz que somos.

La misión entonces brota sola. No como esfuerzo, no como proselitismo ni necesidad afectiva de afirmación, sino como un fluir de la única vida. No tenemos que conquistar a nadie, ni salvar a nadie. La misión consiste – como afirma Enrique Martínez  - “en ser canal o cauce por donde la Vida fluya”. ¡Maravilloso! Es también el eje central de mi libro “Compasión y plenitud”.
Qué alivio comprender la misión así. Nuestro pequeño “yo” desaparece y la Vida fluye por si sola.

Resplandece entonces la Presencia. Presencia: el otro nombre de la divinidad. Presencia que se hace presente: regalo, aquí y ahora. Percibimos el aliento del Resucitado que nos alienta constantemente, nos crea y nos renueva.
Descubrimos que Cristo es el aliento de todos los alientos. Se hace entonces carne en nuestro concreto existir la experiencia de Hafiz que da el nombre a nuestro Blog: “soy un agujero en una flauta por donde se mueve el aliento del Cristo

Todo brilla de luz nueva y en todo descubrimos rastros y rasgos del Amor Presente.





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