martes, 26 de enero de 2016

El tren

Ayer viajando en tren vi mucha gente corriendo, arroyos luminosos buscando la luz. Rostros gozosos, rostros enamorados, rostros estancados, rostros perdidos. Unos rostros muertos como ceniza que una suave brisa dispersa y unos rostros vivos como la sonrisa del niño abriendo su regalo. Sigue su carrera el tren, tal vez incosciente de todo esto, tal vez no. El paisaje se desprende de las ventanillas: no hay tiempo para la muerte. Hay que vivir. Fluye la vida y yo quieto en el estribo del amor.

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