lunes, 4 de enero de 2016

Preludio

"Preludio" es un termino que me gusta mucho. Generalmente indica "aquello que precede y sirve de entrada, preparación o principio a algo" (Rae). Se usa principalmente en música para indicar una pieza musical de corto desarrollo que introduce la obra principal.



Hoy de tarde salí a caminar por el parque que, comenzando justo debajo de mi casa en Milán, se extiende por unos cuantos kilómetros. Un parque lindo e importante: un pulmón verde en el barrio. 


Salí a eso de las 16 horas, cuando la temprana puesta del sol nos recuerda que estamos en invierno.
Poca luz, el cielo cubierto, algo de niebla, frío seco y cortante. Algunas personas paseando el perro y algún valiente corriendo. 

Los arboles desnudos, alfombras de hojas en el suelo, la verde hierba salpicada por la nieve que cayó la noche anterior y sobrevivió al día. Podría parecer un triste espectáculo. 
Nada de todo esto.
Me sentí comodo, en casa. Sentí el preludio.
Preludio en su doble sentido: en sí mismo y como anuncio.


Un preludio, de cualquier genero sea, tiene su belleza. Me encantó descubrir la belleza del parque en todos sus matices invernales. 
Una belleza quieta, serena. La belleza de quien duerme, el éxtasis de la paz.

Descubrí también el preludio como anuncio. Pude ver la vida agitarse en la savia de los arboles, debajo de la nieve, más allá del frío. 

En Uruguay hay un vino de alta gama, de la familia Deicas del Establecimiento Juanicó, que lleva este nombre: Preludio. Un vino exquisito en si mismo y que anuncia una infinidad de posibilidades del fruto de la vid. 

¿Por qué no hacer de nuestra vida un preludio?
Ya plena en si misma y anuncio de belleza aún mayor.

Hasta hay preludios más hermosos de lo que anuncian.
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