viernes, 9 de septiembre de 2016

La decisión correcta




¿Cuál es la decisión correcta? ¿Qué tengo que hacer? Preguntas que nos acechan sobretodo en momentos importantes de la vida. Preguntas que también nos acompañan cada día, a menudo de manera inconsciente. Todos los días tomamos decisiones, por insignificantes que nos parezcan: me levanto a la tal hora, como determinados alimentos, salgo a visitar a un amigo o me quedo en el Facebook, decido hacer esto o aquello.

¿Cuál es la decisión correcta?

La respuesta es tan simple y maravillosa que sorprende. La decisión correcta es la que acabas de tomar. En este momento tu decisión correcta es la de leer esta reflexión.
¿Qué significa todo esto? Igualmente de simple y maravilloso: ¡siempre tomamos la decisión correcta!
Cuando descubrí esto tuve una pequeña o grande iluminación. Y una gran paz y alegría me inundaron. No termino de dar gracias y sorprenderme.

Intento profundizar y dar pistas para que la mente se abra a la comprensión. Deja por un momento atrás tus juicios mentales o prejuicios. Simplemente ábrete.

La Verdad, Dios, el Amor… llamémoslo como queramos, se manifiesta en lo que es. Lo que es… es lo que es. La vida es siempre lo que es en el momento presente. Dicho de otra forma: Dios se manifiesta plenamente en la realidad así como es en este momento.
Lo que ocurre es lo que es, aquí y ahora, así de simple. Lo que está presente ahora es la Presencia. Y esta Presencia se manifiesta en tu vida en este preciso instante: tu realidad de este instante – interna y externa – es plena manifestación de Dios. Lo demás – lo que tal vez está pasando por tu mente – son fantasías, que poco o nada tienen que ver con la realidad.

La realidad, la única Verdad real (no mental o ideológica), es siempre lo que está ocurriendo aquí y ahora. Lo único que hay.
Para descubrir esta gran y única Verdad cada cual tiene su camino. Camino por cierto misterioso, camino que pasa por nuestra historia de vida, nuestra cultura, educación, formación, heridas afectivas, etcétera.

Volvamos a la decisión correcta.
La decisión que tomo en este momento genera una realidad en mi vida; realidad que, lo hemos visto, es Presencia plena de Dios, realidad que es lo único que hay. Con mis decisiones estoy generando lo que necesito para darme cuenta de eso y, ya que esta Presencia es Una, estoy generando también la realidad Una para que la humanidad entera y todo el cosmos tome conciencia de esta Plenitud.

Mi nivel de conciencia me llevará a tomar decisiones – desde las “insignificantes” a las trascendentes – que son exactamente las que crean la realidad que necesito, aquí y ahora (y que el cosmos entero necesita) para crecer, para comprender. Fundamentalmente crecer en la conciencia del Amor que somos. Somos el Amor y no lo sabemos: lo que te está ocurriendo ahora – fruto de tus decisiones y de las decisiones de todos – es justamente lo que necesitas ahora para darte cuenta de ello.

Esto no significa que todas las decisiones son iguales o que no haya moralidad. Hay diferencia objetivas en las decisiones si, pero antes de haberlas tomadas. Después que la tomamos es la decisión correcta, sin duda alguna. Por eso es fundamental el discernimiento.

Posiblemente alguno estará pensando: ¿y si una decisión me lleva a sufrir o hacer sufrir a alguien? (cosa que pasa constantemente, entre paréntesis…)
Respuesta: el sufrimiento que generaste, para ti mismo y para otro, es exactamente lo que están necesitando para crecer. Lo que tú estás necesitando y lo que el Universo entero está necesitando. Y se aprende. Este es el verdadero aprendizaje que la Vida, tremendamente compasiva, te ofrece.

Una maravillosa locura. Lo sé. Fantástica pedagogía de Dios que, por un lado, tiene todo a salvo y por el otro nos invita a crecer, posibilitando así la creatividad del amor.

Todo esto, creo que se percataron, invita a un profundísimo discernimiento, sobre todo en decisiones trascendentes que pueden afectar a mi y mi entorno más directo (siempre afectan también al Universo entero ya que en el fondo somos Uno).
Discernimiento que no tiene por qué obstruir la espontaneidad. Pueden ir de la mano. La espontaneidad subraya que las decisiones más sabias y acordes a nuestro auténtico ser no brotan de nuestra racionalidad, sino de una capacidad intuitiva que se entrena en el silencio.
Esto si: después que tomé la decisión, es sin duda la decisión correcta, la que engendra lo que necesito y el mundo necesita para su despertar.

Que lo sepas o no, que lo aceptes o no, siempre tomaste la decisión correcta. ¿No te llena de una inmensa paz saber esto?

Buen camino entonces. Caminos maravillosos. Si leíste esta reflexión…


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