martes, 3 de enero de 2017

El Universo en “mi” ciruela





Una de las cosas más hermosas que he ido descubriendo y sigo descubriendo en la práctica meditativa y en la vivencia del silencio es la perfecta armonía de la parte con el todo.
Cuando la quietud corporal y mental van echando raíces aparece – como un inesperado regalo desde el silencio – la totalidad que se expresa en el detalle.
Dicho de otra manera: en el detalle siempre está presente la totalidad. El detalle a la vez, esconde, expresa y revela la totalidad. Hoy en día también la ciencia lo está confirmando.

Los maestros zen lo habían descubierto siglos y siglos atrás y lo comunicaron con el famoso aforismo: “En un grano de arroz está el Universo entero”.

Es fascinante descubrir todo esto. Es fascinante y fundamental para nuestra paz y estabilidad afectiva y emocional. Cuando se descubre que en el más mínimo detalle está contenida y se revela la totalidad, ¿qué mas hay que buscar? ¿qué nos puede faltar?  
Obvio: si no falta nada lo tenemos todo de alguna manera y la paz se vuelve nuestra casa.

Los cristianos tenemos la gran ventaja de la Eucaristía: en un pedacito de pan está la Presencia plena y total del Cristo. Lamentablemente hemos perdido el significado más hondo de la Eucaristía, transformándola a menudo en rito estéril aislado de la vida real. Hemos perdido la conexión de la parte con el Todo. Hemos perdido la Totalidad del Cristo que se expresa también en el pan eucarístico. Recuperar la mística del detalle y el Universo nos hará recuperar el valor de la Eucaristía.

Les comparto mi experiencia con la ciruela, tal vez puede ser más claro y puede iluminar su camino.
El año pasado planté en un macetón afuera de mi cuarto un ciruelo. Lo cuidé mucho al ciruelo. Lo amé y lo amo. Lo vi crecer, florecer. Lo podamos con papá. Lo curé. Inesperadamente dio frutos: varias ciruelas. Tuvimos que sacarle algunas para que pudiera llevar a maduración las mejores. Quedó con 5 ciruelas. Hay especialmente una que disfruto: cada día veo como va madurando y controlo su estado de salud. Es “mi” ciruela: no en el sentido de propiedad que acostumbramos a dar a los pronombres personales. Terrible engaño de la necesaria gramática.
Es “mi” ciruela justamente porque es el detalle que me abre al Todo, al Universo entero. Es “mi” ciruela justamente porque no es mía, es simplemente – aquí y ahora – símbolo del infinito.
Es fundamental encontrar el detalle que en el instante presente te abra al Todo. Es fundamental encontrar “tu” ciruela.
Cada cual tiene que encontrar la suya.

La conciencia humana solo puede focalizar una realidad a la vez. La paradoja consiste en que solo podemos experimentar la totalidad focalizando un detalle. Un infalible experimento puede convencer: en el momento que atendemos a nuestra respiración siendo plenamente consciente de ella no podemos en el mismo momento ser conscientes de otra cosa o pensar en algo.

Obviamente la vida nos regala cada día, cada instante, infinidades de detalles: la única Vida se manifiesta en infinitos detalles. Cada cual tiene que encontrar el suyo, el detalle que, aquí y ahora, sea la puerta de entrada al Todo.
Entones ocurre el milagro. Lo llamaría “el milagro de los milagros”: la ciruela se convierte en “mi” ciruela y “mi” ciruela se convierte en el Universo entero.
En una ciruela está el Universo entero”: realmente es así y vivir esta experiencia es algo sumamente transformador.
Se cumple la paradoja: la ciruela no deja de ser una simple y común ciruela pero al mismo tiempo es realmente – aquí y ahora – símbolo y presencia del Infinito.

Tal vez surge la pregunta: ¿cómo encontrar mi detalle?

En realidad no eres tu que encuentras el detalle sino el detalle que te encuentra a ti. Lo esencial es estar atento y crear vínculos de amor lo más desapegados posibles.
Deja la mente quieta y silenciosa. Escucha, mira, atiende al momento presente. A menudo basta una mirada, un olor, un sonido. Cualquier cosa puede ser “tu detalle”, “tu ciruela”. Sigue tu intuición, confía. Ama lo que atrapó tu atención y déjalo libre. Se te abrirá la puerta al infinito, aquí y ahora. Disfruta hasta que dure y aprende. Después deja el detalle libre. Deja que la ciruela madure y se coma. Aparecerá otro detalle, con su matiz, su vida propia, su enseñanza.






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