miércoles, 5 de octubre de 2016

Liviandad




Descubrí el secreto de la felicidad: ¡la liviandad!
Palabra mágica. Palabra hermosa: cuando se hace realidad. Como todo del resto.
Se la juzga así de fácil, como siempre. Se entiende liviandad como algo de poco peso, superficial, de una baja moral.

Descubrí otra liviandad. La liviandad con espesor, con sentido. La liviandad que regala vida y la suelta.
¿Qué es esta “otra liviandad”? La capacidad de vivir entre lo eterno y lo temporal, dando la correcta importancia a las dos dimensiones.

Lo eterno es lo que somos. Lo temporal lo que se manifiesta. Lo eterno es lo invisible, lo temporal lo visible. Aprender a vivir en armonía entre las dos dimensiones es liviandad. La otra liviandad, la de la buena. La fundamental.
El sabio hindú Nisargadatta lo decía de esta manera: “La sabiduría dice que soy nada. El amor dice que soy todo. Entre los dos, mi vida fluye”.

Resuena también el título de la famosa novela de Milan Kundera publicada en 1984: “La insoportable levedad del ser”. Más allá de la temática de la novela el título nos recuerda lo difícil que nos resulta soportar la impermanencia y caducidad de la vida. Nos perdemos en la manifestación, sin echar raíces en el ser.

En realidad aprender a vivir con liviandad la impermanencia es la fuente de la más alta libertad.

San Pablo en su genialidad y con su tesón lo había descubierto y lo expresó de manera fantástica:

Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera” (1 Cor 7, 29-31).

La liviandad expresa justamente la sabiduría del “como si no”. El “como si no” no es un “no”. El “como si no” expresa la importancia del detalle concreto: disfrutamos y amamos todo, pero sin apego. Sabiendo que todo pasa, que todo es impermanente.

Liviandad es entonces disfrutar la vida sin apegos, sin tensiones.
Es vivir sonriendo y hacerle un guiño al dolor. Pasará.
Liviandad es vivir anclado al ser y fluir con la existencia.
Es vivir besando la tierra con los pies.
Liviandad es aprender de la mariposa: se nutre, disfruta y suelta.
Es vivir de los colores y los perfumes.
Liviandad es dejar de sufrir inútilmente y asumir el dolor verdadero.
Es vivir la compasión, recibirse como un don y donarse.
Liviandad es aprender a amar, a ser el amor.
Es vivir haciendo el amor con la vida.

Liviandad: de la mano nos lleva a la plenitud anhelada. Plenitud que siempre nos espera a la vuelta de la esquina.





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