miércoles, 20 de abril de 2016

El mundo pasa por mis venas (¡200 flautas!)





"Sentado, observo.
El mundo pasa por mis venas.
Alegre mundo.
No pasará la muerte sobre este instante.
Diré infinitas veces
que la tierra mojada huele a Dios.
El dolor del mundo
como un relámpago sorprende.
No me dejaré cegar.
Sostengo la luz y la regalo.
No hay más muertos en el sepulcro.
No hay nadie que no viva.
Astromelias y naranjas mis testigos.

Inmortal belleza donde el mundo se consuma."




Desde la experiencia de la unidad se percibe el mundo de otra manera. Casi se siente el universo correr por nuestras venas y la alegría de la vida en movimiento nos invade. Al entrar con plena conciencia en el momento presente y al hacer del presente el eje de nuestras vidas podemos acariciar lo eterno: ya no hay muerte y todo huele a Dios. El dolor entonces no nos ciega, no nos quita la alegría de vivir, no nos deja sin una profunza paz. Nos damos cuenta de la luz que todo ilumina y regalamos esa luz a manos llenas. Esa misma luz ilumina y transforma el misterio de la muerte: esa luz ilumina los sepulcros de la tierra y descubrimos que están vacíos. Siempre estuvieron vacío. Solo Esa luz nos hacer descubrir que todo vive. Encontramos testigos de esa luz y vida inmortal en cada realidad que nos rodea en el presente y cada cosa nos atrae con su voz, según el momento y la sensibilidad personal. Todo es belleza al fin y en esa belleza en mundo se expresa, vive y se consuma.

(Hoy es el compartir número 200 en el "Agujero en la flauta". Gracias por caminar juntos)

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