domingo, 15 de mayo de 2016

Juan 20, 19-23

Pentecostés: 50 días desde que celebramos la Pascua. 50 días celebrando la luz, la vida y el Viviente. 50 días buscando penetrar siempre más en el Misterio del Amor que a todo da vida, en todo vive y en todos se manifiesta.

¿Qué puede agregar Pentecostés? ¿Cuál es el rol del Espíritu?

Hoy más allá de esta fiesta litúrgica en nuestra Capilla de Risso celebramos el Santo Patrono: San Isidro. La sociedad civil celebra el día de la madre. A partir de todas estas fiestas y celebraciones surgió imponente en mi corazón una palabra: armonía. Amo esta palabra. Amo la realidad que significa y expresa. Ya he hablado de ella en este blog.
En estas tres fiestas subyace una armonía oculta, como en toda nuestra vida.
Pentecostés, Isidro, maternidad: la armonía de la Presencia, de lo cotidiano, de los sencillo.

Hay escondida una armonía divina que estamos llamados a sacar a luz. La vocación humana es una vocación a la armonía. No hay amor sin armonía y no hay armonía sin amor, aunque la percepción de lo que es armónico o no, puede variar según la sensibilidad de cada uno.
Eso hace el Espíritu: a través de nuestro caminar y vivir intenta manifestar esta armonía oculta y escondida. El Espíritu ordena, prioriza, embellece.
Nuestra falta de alegría, nuestra falta de amor es casi siempre un reflejo de nuestra falta de armonía. Vivimos un caos interior que se manifiesta afuera. Lo único que se nos pide es no arruinar la armonía que ya está. Simplemente escuchar, alinearnos. Ser la nota justa al momento justo en la melodía divina.
Nuestra falta de amor y nuestra incapacidad de amar son frutos de la desarmonía.

El Espíritu sugiere delicadamente desde dentro de cada cosa ajustarnos a la armonía del universo. Podríamos tomarnos un tiempo de silencio y reflexión para ver donde hay falta de armonía en nuestra vida y desde ahí dar pasos concretos para armonizarnos y armonizar.

Trabajo que hay que hacer y rehacer constantemente: la armonía no es algo estático, sino dinámico, siempre en movimiento.
Armonizando la vida la belleza del amor fluirá más libremente y alegre.




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