viernes, 4 de diciembre de 2015

Como un molino de viento

Recorriendo el país siempre más vemos parques eólicos o molinos de viento solos. 
Los molinos de viento nos pueden ayudar en nuestro camino espiritual. Todo aquello que miramos con atención y hacemos consciente es una luz en el camino y nos amplia la conciencia.
De los molinos de viento me llama la atención la importante diferencia de tamaño entre la base y las palas: no hay proporción.
Las palas se mueven lentamente y el viento no se ve. A veces hasta parece no haber viento e igualmente las palas giran.

Saliendo de la metafora, ¿qué podemos aprender de los molinos?
Sin duda lo fundamental es encontrar el fundamento de nuestra vida, nuestra base, nuestra raíz. Sin esto un poco de viento, en lugar de producir energía, nos derrumbaría. 
Algo muy útil y aprovechable, pero sin fundamento, puede destruir en lugar de construir. Nos viene a la mente la parábola de Jesús de la casa sobre la roca.

Lo central es descubrir nuestra identidad: este es el único fundamento. Nuestra identidad va más allá de todo lo que podamos pensar y sentir. Todo lo que pasa y muere no es lo que somos: siempre hay que recordarlo.
Por eso la meditación en silencio y en quietud es una herramienta fundamental en este camino. Sentados en quietud somos como la base del molino y nuestra serena respiración es como las palas que se mueven.
Todos los esfuerzos y las búsquedas tienen que estar enfocados en descubrir y enraizarse en nuestra identidad. 
Lo que somos podemos llamarlo de distintas maneras: amor, vida, quietud, paz. Vida divina en forma humana. 
Anclados en lo que somos el viento del amor, que no sabemos de donde viene y adonde va (Jn 3, 8) nos moverá suavemente.
Casi sin darnos cuenta produciremos energía, comunicaremos amor.
Nos daremos cuenta en realidad que todo es gracia, todo es don. Lo único esencial habrá sido encontrarnos a nosotros mismos, enraizarnos en Dios. El resto surgirá solo, como vida desbordante que se comunica gratuitamente.

¡Gracias molinos por tan linda enseñanza!





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