sábado, 12 de diciembre de 2015

Compartiendo sensaciones

Esta primera reflexión desde Italia, más que una reflexión, es un compartir las primeras sensaciones. Un compartir desde la raíz puede también ser útil para comprender cosas e ir caminando.

Viajar es siempre interesante por toda una serie de realidades que se ponen en juego. Hablo del viajar simple y casi cotidiano, no del viajar turístico. 
Viajar cuestiona, desestabiliza, relativiza muchas cosas. Viajar es siempre oportunidad para aprender. 
En este viaje me sorprendió la cantidad de rostros. El peligro de estos viajes por aviones y aeropuertos es pasar por las personas como por cosas u objetos. Se ve tanta gente: gente ansiosa, feliz, apurada, cansada. Gente sola, con familia, gente sana y enferma, gente de todas las edades. Podemos mirar a todos estos rostros casi al pasar o podemos darnos cuenta que detrás de cada rostro hay una vida única, hay vida de Dios manifestada, cualquier sean las condiciones. Intenté mirar así a estos rostros cercanos y sonreirles: cada tanto se me devolvió una sonrisa. ¡Qué alegría!

Al salir del aeropuerto de Milán me conmovió la experiencia del aire frío. Hacía doce años que no sentía en mi rostro el aire frío y seco del diciembre milanés. Un aire que te trae la Navidad como regalo, casi de sopetón; un aire que huele a fiesta y familia. Fui a mi niñez y a sus inocentes sensaciones. Es asombroso como algo tan sencillo y cotidiano se llena de significados y valor.
También tuve la sensación que el aire frío y navideño de Milán es, en el fondo, el mismo aire caliente y húmedo del verano uruguayo. También el aire, pensé, "sabe de Dios": unidad y distinción. El Uno que se manifiesta de distintas maneras. 

Una última sensación. Al caminar hoy por las calles de mi barrio me encontré con la que fue mi maestra de escuela, hace algo más de 30 años. Nos reconocimos en seguida: educadores y educandos se imprimen de una manera especial en el corazón. Tan fundamental es la educación.
Mi maestra me recordó que de niño, en la escuela, escribía mucho sobre la naturaleza, la creación, el ambiente. ¡Qué memoria la maestra! si pensamos también que por ella habrán pasado centenares de niños. 
Y que lindo ver que ya desde niño Dios me venía formando a la escritura y al amor por la creación.

Agradezco estas primeras sensaciones a través de las cuales Dios me muestra su rostro, rostros de mil colores y formas, en perfecta armonía.



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