jueves, 3 de marzo de 2016

Al borde de tu eternidad



"Porque en verdad, Señor, el mejor testimonio
Que nosotros podríamos dar de nuestra dignidad
Es el ardiente sollozo que rueda las edades
Y viene a morir al borde de tu eternidad!"

Charles Baudelaire (1821-1867), poeta y crítico de arte  francés, definido "poeta maldito" por su vida de excesos y su visión del mal. Es conocido sobre todo por su obra "Las flores del mal". 
Baudelaire es también un místico, un experto en el dolor, un buscador de Dios. 
Hoy Baudelaire nos regala unos versos, la última estrofa de la poesía "Los faros".

"Porque en verdad, Señor, el mejor testimonio
Que nosotros podríamos dar de nuestra dignidad
Es el ardiente sollozo que rueda las edades
Y viene a morir al borde de tu eternidad!"


¿Donde radica nuestra dignidad humana? 
¿Cuál es nuestra mejor versión?
Preguntas que Baudelaire se hace a él mismo y nos hace a nosotros. 

El mejor testimonio de nuestra belleza y dignidad nos dice Charles es la compasión. Compasión como "ardiente sollozo", como lágrimas que se derraman desde el amor que somos para aliviar el dolor de los hermanos y nuestro propio dolor. Es la compasión que descubre el dolor oculto, el cansancio no dicho, las lágrimas tragadas, los fracasos que humillan. Es la compasión que devuelve una sonrisa, un motivo para vivir, el sentido de una vida, la alegría del compartir.
Esta compasión "rueda las edades": no tiene fin. Porque no tiene comienzo. Es lo que somos. Amor infinito. Dios expresándose en su más pura ternura. Dios al 100%.

Esta compasión en el fondo no puede morir, porque es Dios mismo.
En expresión genial lo dice Baudelaire: "viene a morir al borde de tu eternidad".
Parece que muere la compasión. Parece que el amor es tan frágil que no resiste al tiempo y al desgaste, al odio y al egoísmo. 
Pero no: muere el borde de la eternidad... en el momento que está por morir se despierta justo en la puerta de la eternidad. La compasión no muere. Acompaña llorando hasta el sepulcro y llegados no hay ya piedra, el sepulcro está abierto y vacío (Mc 16, 4). 

Gracias Charles. Tus versos nos invitan a desarrollar la compasión: lo único que no muere. Somos compasión en forma humana.


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