viernes, 11 de marzo de 2016

Dios solo, solo Dios.



"¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros
y no se preocupan
por la gloria que viene sólo de Dios?"


Juan 5, 44


Esta mañana quiero retomar un versículo del texto evangélico que hemos leído en la liturgia de ayer.
Los estudiosos y biblistas nos dicen que la gloria es la visibilidad del amor de Dios. El amor se hace visible: esta es gloria. 
Tal vez la mejor y más hermosa definición la sugirió San Ireneo de Lyon en el siglo II: "la gloria de Dios es el hombre viviente". La gloria de Dios es el hombre que vive plenamente su humanidad, el hombre feliz y creativo, el hombre que disfruta de la creación y que vive en el amor.
Ireneo ya había visto bien y relaciona la gloria de Dios con la plenitud humana.
Vuelve la tajante palabra de Jesús:  

Me parece brillante y tenemos tantas experiencias cotidianas. Cuando el amor triunfa y se ve hablamos de gloria: "un glorioso final", "terminó en gloria".
Con el pasar del tiempo hemos perdido el camino y hemos reducido la gloria de Dios a algo ritual y puramente exterior o devocional: ofrecer oraciones o penitencias a la divinidad. 

Jesús relaciona la fe con la gloria de Dios y nos dice que un camino de fe es posible cuando descubrimos esta gloria.
Nos podemos preguntar: ¿qué es la "gloria de Dios"?
Tanto se ha dicho y tanto se ha escrito sobre el tema.
También y peor aún hemos caído en la exterioridad y superficialidad y no sabiendo descubrir la belleza de Dios en la plenitud humana nos hemos inventado toda clase de ridículas glorias expresadas en privilegios, títulos, edificaciones. La iglesia también ha caído en eso: "eminencia", "excelentísimo", "monseñor"... vestimentas anacrónicas,  sillas especiales, tronos, lugares de honor, burocracia.

"¿Cómo es posible que crean, 
ustedes que se glorifican unos a otros 
y no se preocupan 
por la gloria que viene sólo de Dios?"


El cambio de época y la crisis de fe tiene que ver también con todo eso en mi manera de ver. 
El testimonio de la gloria de Dios pasa por saber descubrir, valorar y proponer la Presencia misma del divino en lo humano. Descubierto el Amor a la raíz de todo lo que existe se nos regala la posibilidad de vivir en plenitud nuestra humanidad. 
Viviendo en plenitud nuestra humanidad expresaremos también a Dios y la divinidad brillará en este mundo: será Gloria. 


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