miércoles, 16 de marzo de 2016

Jarra llena de belleza


"Has de saber, amigo mío, que todo en el universo es una jarra llena hasta los bordes de sabiduría y belleza"

Rumi


La belleza del mundo es la belleza divina. La belleza infinita e inabarcable de Dios se manifiesta en el mundo, y no solo en los grandes fenómenos de la creación que nos dejan sin aliento.
La belleza de Dios se manifiesta en todo, como nos sugiere Rumi.
Entre mundo y Dios no hay separación: ahí esta la clave que todos los místicos nos invitan a tomar para abrir las puertas de la contemplación.

Desde el aliento más sutil y desde la flor silvestre, desde el morir del último pajarito y desde el susurrar del viento, desde un sentimiento no reconocido hasta una mirada: Dios se está manifestando y expresando. Y en este expresarse de Dios hay desborde de sabiduría y belleza. Hasta en la noche más oscura brilla una belleza insospechada y asombrosa.

Muchas veces lo sabemos o lo intuimos. Otras ni nos damos cuenta, perdidos como estamos en la superficie y en nuestro egoísmo. 

Saberlo o intuirlo no alcanzan para nuestro deseo de plenitud: hay que vivirlo.
Acá se centra todo el camino espiritual como tantas veces hemos dicho: no alcanza saber que en la muerte del último pajarito se esconde una imponente fuente de sabiduría y belleza. No alcanza saberlo: hay que serlo. Tiene que ser vida. Vida de tu vida. Hay que sentirlo en las venas. Hay que dejar que todo esto fluya en tu ser. Hay que volverse muerte y pajarito. Dejar de lado el "yo" para experimentarse Uno con la experiencia que estamos viviendo. 
Este es el camino que el camino místico nos propone: ser uno con la vida. Ser uno con Dios que en este instante se está volcando en la creación dejando la jarra llena de sabiduría y belleza.

No te quedes encerrado en el pensamiento. Déjate ser con la vida y le belleza. Deja que Dios te viva.
En este preciso momento se te abrirán los ojos y verás la jarra desbordando belleza. Jesús lo afirma de esta manera:
"Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante" (Lc 6, 38).






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