domingo, 27 de marzo de 2016

Pascua e macachin


Me fascina el macachin (nombre científico: "oxalis articulada"). Flor silvestre. Sencilla. Generalmente rosada o amarilla. Perfecta en su sencillez. Sabe colorear maravillosamente grandes porciones de pradera. Es frágil y delicado el macachin: siempre acompañado por muchos hermanos a veces anda solito y la gente lo pisa sin cuidado. Disfruta de las pisadas sonrientes de los niños jugando con la pelota.

Para mi este año es el anuncio y el símbolo de la Pascua de Cristo. Pascua de Cristo que es tu Pascua, mi Pascua, nuestra Pascua. La Pascua del Universo.

Florece y florece el macachin. No se detiene a pesar de los atentados terroristas, de la violencia, de nuestro estupido egoismo, de la superficialidad de la televisión, del fanatismo del futbol, del acercarse de la muerte.
Florece el macachin. Florece a pesar de la corrupción de los gobiernos y de la plata gastada inútilmente cuando todavía hoy, 2016, queda el absurdo del hambre. Florece a pesar de las dictaduras políticas y económicas, florece a pesar del trabajo infantil y los abusos sexuales.

¿Piensan acaso que el macachin no sabe de todo eso? Sabe y sabe muy bien. Y sigue floreciendo.

Florece a pesar de tus enojos y tus tristezas.
Florece a pesar que en la iglesia siguen habiendo cristianos pesimistas, que solo saben ver un mundo a la deriva. Sigue floreciendo a pesar que tantos curas celebran la Eucaristía con cara de funeral y que muchos obispos solo se preocupan por defender la doctrina y sus privilegios.
Sabe todo esto el macachin y sigue regalando sus colores, su frescura, su alegría.

Hasta que florezca el último macachin seguiré mirándole a él y encontraré ahí y solo ahí el sentido de la vida. 
Hasta que florezca el último macachin seguiré afirmando la Pascua.
Seguiré obstinado creyendo en el Amor. Pido disculpas a los vendedores de mal llamado “realismo”. 


Hasta que florezca el último macachin seguiré creyendo que su único y último florecer sea más real que todo el odio del mundo.
Pido disculpas a los pesimistas, los tristes, los amargados, los profetas de desventuras y los fabricantes de muerte.

No es que no quiera ver el dolor del mundo. No soy tan ingenuo y tan naif. Lo veo, me duele, lo asumo y todo mi ser, lo admito, a veces tiembla. Lo veo y veo más allá, veo adentro mismo del dolor y descubro amor, descubro al Dios involucrado y amante. 

Amo al Cristo y amo demasiado al macachin para no saber que ahí se esconde el Misterio: en su secreta complicidad.

Me ama tanto el macachin que descubro en su florecer el único secreto que vale la pena traicionar: siempre es Pascua. Solo existe la Pascua.
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