domingo, 2 de agosto de 2015

Juan 6, 24-35

El texto de hoy es, como siempre en Juan, rico en símbolos y metáforas: subrayo simplemente unos aspectos que nos pueden ayudar en nuestro camino espiritual.

1) "Jesús pasa a la otra orilla." Cuando nuestra búsqueda de Jesús, más en general nuestra búsqueda de Dios, es animada por intereses ocultos o superficiales, Jesús se va a la otra orilla. No lo encontramos. Estamos buscando mal. Jesús mismo lo hace notar: "Ustedes me buscan porque se llenaron la panza...no porque vieron algo más..."
¿Cuales son mis intereses ocultos? Hasta que no los descubro, los asumo, los purifico, los transformo, Jesús seguirá yendo a la otra orilla.

2) En el Evangelio de Juan, Jesús mismos es El Signo de la Presencia da Dios. En realidad no necesitamos nada más. Me sigue asombrando, aunque es entendible, la necesidad compulsiva de signos que la humanidad y los cristianos andamos buscando. Cualquier rastro de extraordinariedad lo seguimos compulsivamente: apariciones, vírgenes que lloran, personas que tienen visiones o dones particulares...

No necesitamos otro Signo que el de la Presencia. Jesús nos reveló que la plenitud no está afuera, que la plenitud es lo que somos. Basta verlo. Reconocerlo. Vivirse desde ahí. Jesús es El Signo de esta plenitud que todos somos y anhelamos. "El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed." Aquel que se reconoce en Jesús reconoce la plenitud que es y que somos. Jesús nos reveló que lo que Él es lo somos todos. Cristo no está afuera. Cristo es nuestra increíble identidad.
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