martes, 25 de agosto de 2015

Reírse mucho

"Tú eres el que te juzga. Dios nunca lo hace. Si te vieras a ti mismo, como Dios te ve, te reirías mucho"

Neale Donald Walsh





¿Por qué nos juzgamos y muchas veces nos condenamos?
Es importante descubrirlo porque de esto depende también nuestra relación con los demás. Si dejamos de juzgarnos dejaremos de juzgar a los demás y si nos viéramos como Dios nos ve, también veríamos los demás como Dios los ve. Todo es un reflejo de todo.
¿Por qué entonces muchas veces nos juzgamos?
Esencialmente me parece por falta de comprensión. En tres niveles:

1) No sabemos en realidad quienes somos. Nos identificamos con la mente, es decir: nuestro nombre, historia, carácter, sentimientos, emociones. Nuestra verdadera identidad está más allá de todo eso. 

2) No logramos ver que los errores del pasado (muchas veces supuestos) son simplemente estos: errores. Nada más. Hicimos lo que sabíamos y veíamos. No es necesario hablar de "pecado" y, mucho menos, de culpa. Siempre hacemos lo que podemos hacer en un determinado momento. Actuamos con la luz del momento. Todo esto nos lleva el tercer punto.

3) El aprendizaje. No hemos comprendido que la vida es sencillamente y hermosamente un aprendizaje. Solo estamos aprendiendo. Entonces, ¿por qué juzgarnos? Siempre hacemos lo mejor para ser felices y si no lo estamos haciendo es porque no lo vemos o estamos confundidos. En esencia: estamos aprendiendo. 

Cuando despertamos y nos establecemos en nuestra verdadera identidad, aceptamos nuestra verdad del momento, con sus limites. Nos damos cuenta que vivimos la Vida de Dios y que Dios vive nuestra vida. Entonces sonreímos. Nos sonreímos, sonreímos a Dios y Dios nos sonríe.


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